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Siempre los momentos de crisis o emergencia sacan lo mejor y lo peor de cada persona. Están los que reaccionan con individualismo y con actitudes tan miserables como egoístas, y también los que se conmueven y son protagonistas de acciones solidarias, cargadas de vocación y esperanza.
Élida Melo está en este último grupo, pese a que su vida no es sencilla. Vive en 2 de Mayo, un lugar que conoce como nadie las necesidades, junto con su marido, Osvaldo, un obrero de la construcción que está parado a la espera de que lo llame la empresa; su hija Jackeline, que la ayuda y colabora con la familia; y Guillermo, un hijo con parálisis cerebral.
En la casa donde vive el grupo familiar, Élida abrió un kiosco que la ayuda con el sustento de cada día. Es un pequeño emprendimiento que ni siquiera tiene nombre, pero desde el lugar despacha mercaderías para la gente del barrio.
Sin protección
Desde que se desató la pandemia, y a medida que avanzaba la cuarentena, Élida notó que la inmensa mayoría de sus clientes no llevaban puesto barbijo o tapabocas, tal como recomendaron las autoridades sanitarias. Y por ese motivo decidió colaborar desde su rol de vecina, confeccionando y regalando estos artículos para que la gente se protegiera y, a la vez, se cuidara de no contagiar a otros con el temible virus.
Mi deseo siempre es poder ayudar a los que menos tienen. Ojalá pudiera hacer más cosas para toda esta gente que vive en el barrio
Dice que regaló cerca de 100 y que no fueron más porque no tenía los recursos ni la capacidad para hacerlos, por lo que solicitó públicamente ayuda a las autoridades para que le den una mano en esa pequeña gran cruzada que realiza en soledad.
“Me gustaría que vinieran a entregar barbijos porque acá hay mucha gente que lo necesita”, dijo la mujer a LM Neuquén.
Obstáculos
Aunque tiene 50 años, Élida vive con muchos problemas de salud, por lo que necesita cuidarse, en medio de la pandemia. Además debe asistir a su hijo, trabajar en el kiosquito y atender su casa, casi nada.
Sin embargo, el espíritu solidario hace que todos los inconvenientes que le aparecen sean menores frente a sus ganas de ayudar. Cuenta que el otro día hizo unos panes caseros y que su marido también organizó un asado para los chicos del barrio. “Mientras pueda ayudar, lo voy a hacer”, aseguró la vecina solidaria del barrio 2 de Mayo.
Una cuarentena muy flexible
Como en la mayoría de los barrios neuquinos, la cuarentena preventiva y obligatoria no se cumple tal cual lo recomendaron las autoridades sanitarias de la provincia y de la Nación. Durante la mañana y en las horas pico, centenares de vecinos transitan caminando o en auto por las calles de ese sector del oeste de la capital neuquina. Por eso, además de la higiene personal, es fundamental el uso de barbijos o tapabocas para evitar el contagio y además para que cada vecino también se cuide.
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