El Fuji LNG muestra una primera foto del futuro posible para Vaca Muerta. Pequeña, casi inesperada, pero como un tótem que encierra claves y caminos viables. Por ahora a una pequeña escala, el gas neuquino irá a algún mercado del exterior. La otra foto de la semana pasa por el anuncio de Total en Estados Unidos (ver página 6).
La empresa francesa trazó una hoja de ruta para los próximos cinco años, que incluye la perforación de 100 pozos con los que espera llegar a unos 100 mil barriles diarios de petróleo equivalentes en Neuquén.
Parte de lo que tiene que suceder ya está sucediendo. Hay grandes inversiones en tránsito. Compromisos que pronto se darán a conocer, miles de millones de dólares para 2019 y la necesidad de hacer nueva infraestructura que responda al incremento en el nivel de producción.
En el plano interno, dentro del país, se trata de lo que está moviendo la actividad económica. No es otra cosa que lo que promueve la llegada en cadena de funcionarios. Otro dato más: el precoloquio de IDEA tendrá como eje central a Vaca Muerta, en la semana del 11 de junio. El organismo que agrupa a las empresas que producen el 50% del PBI del país dará fundamentos para que la formación no convencional sea tratada, por este gobierno y por los que vendrán, como una política de Estado.
En medio de todo esto, Argentina también está jugando una carrera contrarreloj. Debería ser un motivo más que sobrado para acelerar un plan que le permita jugar a una mayor escala en el contexto global. Otra vez: decirlo es sustancialmente más fácil que hacerlo. Hace una semana se desarrolló en Estados Unidos la conferencia anual de Energía del Institute of The Americas.
Buena parte de los gigantes del mundo petrolero se reunieron en La Jolla, California, para discutir y trazar el panorama que viene a escala global en la producción de gas y crudo. Ese evento, del que participó este suplemento, también incluyó un taller con la situación energética del grueso de los países de América Latina. Asistir a ese mapa, verlo, analizarlo, es asistir al enorme potencial que tiene el continente, pero también a las grandes limitaciones. A grandes rasgos, las crisis económicas y políticas y las dificultades de financiamiento son parte central de los obstáculos que les impiden dar un salto para poder producir a mayor escala la descomunal cantidad de recursos con los que cuentan.
Por eso, hay una suerte de carrera que, en algún punto, los países de Latinoamérica juegan. Por un lado, la de lograr autoabastecerse y evitar la fuga constante de recursos comprando energía en el exterior. Pero también la de poder convertirse en jugadores de peso en el mercado internacional. En esa conferencia también se habló de la industria del shale. En un panel en particular, de Argentina y la posible integración regional a partir de su matriz energética, con los ingentes recursos de Vaca Muerta. Con costos que la colocan a la altura de las mejores formaciones shale de Estados Unidos, hubo elogios y reparos. La calidad del recurso y el potencial, entre los primeros.
La opción de salir con gas por el Atlántico o el Pacífico, también. Y el azote constante de la macroeconomía, las turbulencias políticas y falencias para sostener acuerdos, entre los segundos. Está claro, esa carrera es una en la que el que primero solucione el plano interno (ni más ni menos) podrá ganarse el derecho a salir con sus recursos a pelear en el feroz contexto internacional de avance de la producción de GNL y crecimiento de la producción de crudo, con Estados Unidos como nuevo actor central.