El domingo 25 el Movimiento Popular Neuquino irá a las urnas para definir su lista de candidatos a concejales que competirá en las elecciones municipales de, en principio, octubre, según lo que ha dejado entrever el intendente Pechi Quiroga.
Sin oponentes de peso a la vista, es una fija que el oficialista sector azul, que lideran el gobernador Omar Gutiérrez y el dos veces mandatario neuquino Jorge Sapag, obtendrá un claro triunfo.
Fiel a su historia, el MPN atraviesa un nuevo proceso interno que le permite sacar pecho y fortalecer esta idea de que es el único partido de la provincia en el que las candidaturas se definen en el cuarto oscuro y no a dedo.
Sin embargo, está claro que esta contienda no tiene equivalencias a pesar de que participan ocho listas y de que los objetivos centrales son medir otras variables.
Sin dejar de lado la importancia de la tan mentada movilización de la militancia y la estructura partidaria en una capital en la que tiene casi 40 mil afiliados, lo más importante para el MPN es que está saliendo a la cancha el único que, por ahora, puede asomar como el posible candidato a intendente para el 2019.
¿Por qué un ministro de un área de tanta magnitud como la de Energía en una provincia petrolera “bajaría” a ocupar una banca en el Concejo Deliberante? Sencillo, porque es el trampolín para ponerse el traje de quien buscará que el MPN vuelva gobernar la ciudad después de 20 años.
Alejandro Nicola sabe que será clave en su futuro el resultado de las generales municipales. También tiene claro que lo están midiendo Gutiérrez y Sapag. Y los tres son conscientes de una gran ventaja: en la vereda de enfrente todavía no hay ningún dirigente con un perfil fuerte y un capital político para convertirse en el sucesor de Quiroga. Claro está que ese contexto favorable para el movimiento no tendrá nada de valor si el resultado de octubre no le es favorable.