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El fulbito de los sábados es un clásico en la región, un ritual sagrado para muchos apasionados de la zona que cuentan los días de la semana para que llegue esa ansiada jornada. Jugadores amateurs que suelen ir acompañados por sus propios hijos y parejas a los encuentros, en un distendido clima previo, de alegría y fiesta. Por ello, resulta doblemente avergonzante el repudiable y salvaje episodio ocurrido el sábado en un predio cipoleño, en las narices de los familiares de los inadaptados. El triste y preocupante mensaje que se transmite.
Aún generan indignación y estupor las imágenes, ese video casero que refleja la ira y el odio de los integrantes de dos equipos que se trenzaron en una batalla campal y en el que una de las víctimas convulsionó en el piso tras una tremenda y criminal piña.
¿Ese ejemplo queremos darle a nuestros hijos? ¿Si en un torneo amateur pierden la cordura, que será del comportamiento en sus casas?
Del complejo Los Cerezos, donde se registró la barbarie a La Visera de Cemento, hay escasos kilómetros. Horas después, otro hecho de violencia tuvo lugar en el templo albinegro. Y también la escena fue salvaje, patética y lamentable. Un grupo de barras atacando con furia y destrozando una cantina ubicada detrás de la tribuna, en medio de la feroz interna que se vive en la hinchada del Capataz de la Patagonia.
Esto mientras miles de hinchas sanos alentaban al equipo y contemplaban con preocupación lo acontecido, ya que quedan expuestos y a merced de una violencia que el club no logra contener.
Fueron dos situaciones desagradables del fin de semana. No quedan dudas: así, la pelota se mancha, muchachos.