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Violento atentado en Pakistán dejó 70 muertos

Dos hombres de una organización talibán se inmolaron frente a una fábrica militar.
Talibanes
La acción se la atribuyó el grupo Trehik I Taliban (Movimiento de los Talibanes de Pakistán), cercano a la red radical islámica Al Qaeda, en un llamado telefónico a la cadena de televisión local GEO News.
El vocero de esta organización, Maulvi Omar, dijo que «el Movimiento de los Talibanes de Pakistán asume la responsabilidad del ataque».
«Nuestros mártires cometieron los atentados en reacción a las operaciones militares de Swat y Bajaur», dijo un portavoz del grupo, en referencia a una ofensiva militar lanzada días atrás en esa región, fronteriza con Afganistán, en la que murieron más de 500 insurgentes, según el Ejército.
Dicha operación fue lanzada hace dos semanas a instancias del Gobierno de coalición del primer ministro Yusuf Razah Guilani, que siempre fue partidario de la salida negociada con las agrupaciones extremistas, aunque la ola de atentados de los últimos días lo llevaron a cambiar su metodología.
«La guerra contra el terror no se puede ganar a la defensiva. Tenemos que llevar la batalla a las puertas de los extremistas», declaró Guilani en un seminario antiterrorista organizado en colaboración con el Departamento de Estado norteamericano en Islamabad.
El primer ministro dio a entender que su gobierno abandonaba definitivamente la vía del diálogo con los talibanes locales, al afirmar que Pakistán debe «sacar de su escondite al terrorista sin rostro, obstruir sus planes y hacer frente a las peores amenazas antes de que emerjan».

Crisis política
La ola de ataques tiene como marco una grave crisis política tras la renuncia de Musharraf, debido a la falta de acuerdo de los principales partidos de la coalición de gobierno para resolver las destituciones de jueces llevadas a cabo por el ex presidente y la lucha contra la insurgencia radical islámica.

Escenario


La sangrienta ofensiva lanzada por Al Qaeda en Pakistán y Argelia preocupa a Occidente. La agrupación islámica ha demostrado que sus células siguen activas y con operatividad, aún a pesar de la feroz ofensiva del ex presidente Pervez Musharraf, un aliado fiel a Estados Unidos, que debió dejar su cargo en medio de una crisis de legitimidad.
De la misma forma, como tantas otras veces, Afganistán se convirtió este año en un verdadero termómetro de las fuerzas terroristas. Lejos de la paz augurada por Bush, Al Qaeda tomó el control de vastas regiones del país, sobre todo en la frontera caliente con Pakistán.
Con la salida de Musharraf, que llegó al poder mediante un golpe de estado, Washington perdió un aliado en su carrera belicista contra el extremismo islámico. Pero no sólo eso. El Pentágono también sigue con minuciosidad el entrevero político de Pakistán, ya que el país posee la bomba atómica, que entre tanta polvareda podría caer en manos equivocadas.
También Europa observa con cautela. Los dos atentados que causaron más de 60 muertos en Argelia, le recordaron al viejo continente su cercanía a las zonas conflictivas. Es evidente que el fantasma de los atentados en Londres y Madrid aún sobrevuela el continente.