{# #} {# #}

ver más

Vivir en peligro

San Martín de los Andes convive históricamente con zonas de alto riesgo geológico, aunque nunca se hicieron obras para mitigar ese problema. El punto más complejo es la ladera del cerro Curruhuinca, donde más de 600 familias habitan una zona que fue declarada en su gran parte como “inhabitable”.

Por HERNÁN GIL

En junio pasado, cuatro rocas gigantes cayeron en Villa Paur. La más grande pesaba 10 toneladas y tenía 8 metros de diámetro.
 
Neuquén  >
“San Martín de los Andes tiene un Dios aparte. Es un milagro que no le haya pasado nada a nadie”. Ricardo Rivera es oficial del cuerpo de Bomberos de San Martín y hace 22 años que vive en la ciudad. Sólo así logra explicar cómo se eludió una tragedia.
En los últimos años la ciudad cordillerana sufrió diversos problemas geológicos, entre ellos los desprendimientos de rocas. Afortunadamente sólo provocaron daños materiales. El caso más grave de los últimos tiempos se produjo el pasado 4 de junio, cuando cuatro piedras gigantes se desmoronaron de la montaña y destrozaron un corralón de materiales y un edificio a su paso. La mayor de las rocas medía 3 metros de alto y un diámetro de 8, con un peso que osciló las 10 toneladas. La de mayor tamaño quedó sobre la Ruta 234 tras atravesar el corralón. Por fortuna, ningún automovilista pasaba por la zona. Sin embargo, la situación más sorprendente fue la que padeció una familia que vivía en un edificio a pocos metros del corralón, que se mudó horas antes de departamento dentro de la misma estructura. El espacio que quedó desocupado fue atravesado por una de las inmensas rocas y resultó destruido.
“Lamentablemente la gente ya se está olvidando de esas piedras. Esto es así. Si no llueve más o llueve un poquito no pasa nada hasta el invierno que viene. O cuando haya un sismo, que tienden a aflojar las piedras”, dijo Rivera.
La escena de lo que pudo ser una tragedia reavivó un debate cíclico sobre el riesgo con el que se convive en la ciudad. La expansión periférica de San Martín está limitada por fuertes restricciones topográficas y en esos sectores se originaron asentamientos en sectores no aptos para la urbanización. El problema nunca tuvo una solución contundente y se agrava año tras año. Cientos de familias conviven con el riesgo de una tragedia. Muchas de ellas en una zona considerada “inhabitable”, como la ladera del cerro Curruhuinca.
“Esta situación se agrava. Y se empiezan a generar cuestiones generacionales. Hemos visto que donde antes había una casita, los chicos crecieron y el costo de la tierra es tan alto que el dueño socavó el cerro para hacer una piecita más atrás de la original. Donde antes había un lotecito, ahora tenés tres núcleos generacionales”, advirtió Martín Comesaña, secretario de Obras y Servicios Públicos de San Martín de los Andes.
“La urbanización ha sido muy irregular en toda la ladera del Curruhuinca. La mayoría no tiene planos, no hay muros de contención, no tienen cálculos”, agregó Gonzalo Salaberry, subsecretario de Gestión Ambiental del municipio.
“Cada vez hay más casas que se hacen en lugares que ya son peligrosos de movida. Una casa en una ladera ya es peligrosa y encima se produce un desmonte para hacerla, por lo que afecta a la vegetación que actúa como ancla de la ladera. Lamentablemente, después viene el deslave”, dijo Rivera.
“Cada lugar tiene sus cuestiones ambientales. A mi criterio, San Martín tiene tres condiciones ambientales sobre las que se asienta y que no se pueden desconocer. Una son los volcanes que, cada tanto, erupciona alguno. La otra es la cuestión geológica, ya que hay laderas y zonas con pendientes pero el ser humano tiende a meter la casa donde puede. La tercera son los riesgos de inundación, que es lo que nos pasa en San Martín”, sentenció Horacio Matarazzo, licenciado en Ecología.
“Después de la caída de las piedras en Villa Paur, la gente se está acercando para saber si donde viven es una zona de riesgo. Hay una mayor conciencia. Están más preocupados por la situación. Esa roca tan grande estuvo a la vista de todos”, dijo Andrés Fresitav, subsecretario de Juntas Vecinales de San Martín.
 
Covisal, Villa Paur y Ruta 234
Funcionarios, bomberos y especialistas identifican las zonas más complicadas en Villa Paur, los barrios Covisal-Los Radales, la Ruta 234 (entre la costanera del Lácar y Paihuén) y el cerro Curruhuinca.
El peligro de desmoronamiento de piedras en la Ruta 234, entre la costanera de la ciudad y el complejo Paihuén, lleva años de alertas. “Me acuerdo hace quince años que hubo un deslave de piedras que cayó sobre el camino que aún no estaba pavimentado. Estuvo cerrado por dos meses hasta que pudieron dinamitar las rocas porque eran gigantes. Por suerte, no pasaba mucha gente”, aseguró Rivera. Profesionales que participaron de la pavimentación del sector aseguran que desde aquel momento se advirtió sobre la necesidad de tomar medidas ante la inestabilidad del sector. Nunca se realizó ninguna obra.
Días atrás, dos geólogos de la empresa Maccaferri recorrieron los lugares más afectados en busca de analizar si las medidas de mitigación disponibles son compatibles para esos sectores. “Hay soluciones que nos permiten remediar o evitar situaciones como la que ocurrió en Villa Paur. Vamos a trabajar en eso, estamos recopilando información que nos pidieron porque los sistemas informáticos que tienen absorben todos los datos y modelizan una situación de caída de piedra. A partir de ahí se define la solución a implementar”, agregó Comesaña.
Ninguno de estos lugares cuenta con las medidas de mitigación necesarias para resguardar a la población de, entre otros riesgos, el desprendimiento de rocas. A través de Maccaferri, el objetivo del Municipio es realizar estas obras ya que los especialistas aseguraron que hay medidas para contener esta situación, salvo el caso de la ladera del Curruhuinca. Confiaron que las obras tienen un costo muy alto y el objetivo es realizar gestiones para contar con el apoyo de Nación.
 
La ladera del cerro Curruhuinca
El lugar más emblemático y complejo del riesgo geólogico que enfrentan algunos sectores de la ciudad se ubica sobre los faldeos del cerro Curruhuinca (tiene una fuerte pendiente cuyos valores medios se ubican entre el 12 y el 50 por ciento) donde se estableció un asentamiento formado en la década del 70. “Está conformado por un tejido urbano irregular y no planificado, gobernado por las distintas oleadas de inmigrantes de bajos recursos que, como sitio de emplazamiento de sus viviendas, eligieron la ladera media inferior del cerro de acuerdo a la disponibilidad de espacio existente”, explica el denominado informe Halcrow, un estudio realizado por la empresa en el año 2009 encargado por el gobierno de la provincia. Funcionarios y especialistas coinciden en que se trata de un informe “inobjetable”.
El cerro se caracteriza por presentar condiciones que le otorgan a sus pendientes un elevado nivel de inestabilidad, lo que da lugar a la generación de una variada tipología de peligros geológicos. Según detalla el informe Halcrow, se trata del riesgo de remoción en masa (avalancha de rocas, deslizamiento trasnacional, volcamiento, flujos encauzados y caída de rocas), de inundación y el sísmico.
En la parte inferior de la ladera se encuentra la zona urbanizada que comprende cerca de 15 hectáreas. Según datos del Municipio, allí viven cerca de 600 familias en los barrios denominados Calderón, Obeid, Godoy, Parque Sur, Vallejos y Tres de Caballería. El déficit habitacional total de la ciudad alcanza a 2.500 familias.
“Es un lugar peligroso por la cantidad de viviendas y por el tipo de piso que hay en ese lugar, que recibe muchísima lluvia. Son varias capas de piedra laja sobre la cual hay un mantillo de humus y tierra, entonces todo eso se desliza con el agua que se mete debajo”, analizó Rivera. “Hay zonas inhabitables en el cerro Curruhuinca. Entre 1.600 y 1.800 personas están bajo un riesgo concreto”, sentenció Matarazzo. “Hay zonas muy consolidadas con casas de materiales, hay familas que viven ahí hace 30,40 años”, dijo Salaberry. “Muchos te dicen que donde viven no es peligroso, sino que el problema lo tiene el que está al lado de ellos”, dijo Fresitav.
En ese sector realizó su intervención el Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba) de la Nación a mediados de la década pasada. En total, el proyecto apuntaba a mejorar la calidad de vida de esa población con necesidades básicas insatisfechas, carentes de infraestructura urbana, problemas ambientales y de regulación dominial. Afectó a 508 familias.
El informe Halcrow determinó que la mayor parte del polígono de acción del Promeba está bajo la influencia de los peligros geológicos y sólo unos pocos sectores escapan a esos riesgos. “Las viviendas del asentamiento han sido construidas sin seguir prácticas de urbanización, lo que resultó en situaciones que presentan riesgos importantes de estabilidad, en algunos casos por construcciones muy próximas a los cursos de agua y en otras por inestabilidad de taludes o rocas próximas a las construcciones”, se indicó en el informe Halcrow.

Para el informe Halcrow, inhabitable
El estudio determinó índices de riesgo para la zona del polígono de acción del Promeba e indicó que el 86 por ciento de su superficie total tiene una vulnerabilidad alta a la remoción en masa. Además, la situación excede al avanzar parcialmente sobre el tendido urbano formal marginal de la ciudad, incluyendo viviendas e infraestructura de servicios. “Este riesgo expresa la falta de seguridad relativa de las personas debido a la exposición a un peligro de origen natural que sufre alteraciones por acción del hombre”, detalla.
El 77 por ciento de la superficie urbanizada sobre la ladera sur del cerro Curruhuinca tiene una alta vulnerabilidad geológica, generada por la eventual ocurrencia de avalanchas de suelo y rocas, caída de rocas y flujos encausados. “Este sector de la ladera se caracteriza por un peligro geológico muy alto”, dice el informe. Además, sentencia que esta zona no debería ser ocupada por población permanente.
Al sumar las diferentes capas temáticas que realizó el estudio, el informe determinó que la vulnerabilidad que tienen las estructuras urbanas presentes en el polígono de acción del Promeba supera al 60 por ciento ya que presentan un máximo nivel de vulnerabilidad. Además, se detalla que la precariedad de las infraestructuras genera un incremento mayor a la vulnerabilidad de base.
“Si bien la percepción social señala a la caída de rocas como el problema de mayor gravedad, no ha sido considerado en este estudio como el de mayor gravedad. En cambio, sí lo son otros movimientos gravitacionales no tan evidentes a la observación superficial tales como avalancha de rocas, deslizamiento traslacional, volcamiento, flujo encauzado e inundación”, detalla el informe.
Ante este contexto, el informe Halcrow recomienda relocalizar la planta urbana que actualmente se sitúa sobre las unidades de pendiente de mayor peligrosidad e impedir la ocupación de nuevos espacios. Desde 2009 a la actualidad no se realizó ninguna de estas acciones. “El mantenimiento de las condiciones actuales implica un crecimiento progresivo de la ocupación inicialmente informal y luego estructural de un medio natural que, además de ser muy inestable y peligroso, tiene una elevada sensibilidad geomórfica. Por ende, los factores que tienden a la inestabilidad y caída de las pendientes se irán incrementando acompañando el crecimiento urbano, como ya se observa en la elevación de la presión poral, corte de pendientes, vibraciones y sobrepeso por causa antropogénica, de tal forma que los niveles de peligrosidad serán cada vez más elevados y las soluciones cada vez más complejas”, advirtió en sus recomendaciones el informe.

Los vecinos, entre el riesgo y el reclamo de información
Representantes de las distintas vecinales de los seis barrios que se ubican en la ladera del cerro Curruhuinca coinciden en que no tienen la información suficiente sobre la situación. Además, confían que muchos vecinos desconocen el riesgo que implica vivir en la ladera.
Sobre las superficies que presentan un riesgo geológico alto, el informe Halcrow detalla que afecta al 50 por ciento del sector norte del barrio 3 de Caballería, el 65 por ciento de la franja norte u oriental del barrio Vallejos, el 50 por ciento del barrio Parque Sur. Agrega que “hacia el extremo oeste del polígono cubre la totalidad del barrio Julio Obeid y aproximadamente el 60 por ciento de los barrios Godoy y Calderón”.
“Nunca tuvimos acceso al informe Halcrow, es como que recién ahora comenzamos a saber algo. Nunca tuvimos una reunión ni nos llamaron”, aseguró Luisa Iral, de la junta vecinal del barrio Calderón, donde viven cerca de 80 familias.
“Si hay un problema grande, la gente lo tiene que saber. Convivimos con un riesgo permanente. Lo que quiero es que el intendente y todos los entendidos en la materia hagan una reunión y expliquen a los vecinos la situación. Hay gente que ni siquiera sabe. El informe no lo dieron a conocer”, dijo Miriam Po, de la junta vecinal del barrio Obeid.
Manuel Rodríguez vive hace 45 años en el lugar y es el presidente de la junta vecinal del barrio 3 de Caballería. “Todos sabemos el riesgo que hay. Tenemos miedo, todos. Muchos temen que pueda venir un sismo y mueva las piedras. Pero la gente se sigue metiendo entre los cerros. El Municipio tiene que impedir que se sigan metiendo”, dijo. Y agregó que “el peligro está. Incluso hay un montón de gente que sigue llegando y cortan árboles. Se sigue modificando la montaña”.
“Todos estamos en riesgo continuamente. Preocupa, obvio. En este tiempo lo que hemos hecho es juntarnos las comisiones de los barrios de la ladera y pedimos charlas con Defensa Civil como para tener información. Ni con miedo ni con susto. Pero sí estar atentos y estar informados”, dijo Iral.
La mayoría de los vecinos tiene boleto de compra-venta de sus terrenos, entregados en gestiones municipales anteriores. Sin embargo, aún no cuentan con la escrituración de esas tierras. “Ya hay algunos problemas con titulares que murieron y ahora viven sus hijos, por lo que habría que cambiar algunas normativas”, explicaron desde el Municipio.
 
El problema de la solución
El informe Halcrow determinó la necesidad de una relocalización del 77 por ciento de la superficie ocupada de la ladera. Dejó en claro que no hay ninguna mitigación posible y que la única solución es la relocalización. Desde 2009, el estudio sólo acumuló polvo en algún rincón del Municipio.
“El tema de la relocalización me escapa. Yo me concentro en la información de las soluciones técnicas que sí podemos aplicar en los otros sectores. San Martín de los Andes tiene un déficit habitacional de 2.500 familias. Imaginate la carga que representa esto. Es inabordable”, dijo Comesaña. “El informe estuvo casi oculto. Ni bien asumimos se empezó a hablar de este tema para buscar financiamiento”, explicó Salaberry.
“La relocalización es casi imposible. Hay una sensación de arraigo muy fuerte. Algunos de estos barrios han sido asentamientos con luchas muy fuertes, de hecho hay gente que se fue de Chile en la época de Pinochet. Tienen un sentimiento de arraigo muy fuerte”, dijo Fresitav.
“Hemos tenido deslaves importantes. Hace unos años se cayeron dos o tres casas. La gente sobrevivió porque las casas son muy livianas y se corre en toda la estructura. La verdad que es peligroso”, aseguró Rivera. “Hace más de diez años se murió una chica porque se le cayó una piedra en las laderas del cerro Curruhuinca. Este informe no se puede discutir. Hay mucha gente que no tiene opción dónde vivir. Y el Gobierno en ninguna de sus instancias le da un plan alternativo. La gente se instala donde puede. No se hizo nada sobre esto”, dijo Matarazzo.
Poco tiempo atrás, los Bomberos de la localidad realizaron una capacitación sobre rescate de víctimas bajo los escombros. “Se están entrenando”, confían. No saben si puede o no ocurrir, pero buscan estar preparados.

Te puede interesar