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¿Y al final, quién mentía?

La prensa argentina, y en particular la deportiva, atraviesa una severa crisis de credibilidad, en parte por propia culpa y otro tanto por la hipocresía del ambiente del fútbol. Antes, la gente ponía las manos en el fuego por una información periodística. El “salió en el diario” era sagrado e irrefutable en otros tiempos, capaz de acabar con la más enfervorizada discusión, de silenciar a quien pensaba lo contrario. Pero todo cambia y hoy se ponen en tela de juicio las versiones que incluso suelen surgir del entorno de los protagonistas. ¿Cuántas veces este semestre desde el mundo Boca salieron a desmentir en forma rotunda que Carlitos Tevez pudiera dejar el club, lo que está a un paso de consumarse? Algo similar sucedió en River con los rumores sobre el futuro de Marcelo Gallardo previo a la final con Central. Incluso anteayer, el presidente Rodolfo D’ Onofrio tildó de disparate que se crearan interrogantes en ese sentido y lo atribuyó, con total liviandad, a “alguno que está aburrido y no tiene otra cosa que hacer”. Un día después, y pese a la obtención de un nuevo título en su excelente palmarés, el propio Muñeco dejó en suspenso su permanencia en la entidad de la que es un ícono. Está claro que la voracidad sin límites, la desesperación por la primicia, el competir con el avance de la tecnología y la inmediatez de las redes sociales les hicieron perder las formas a varios colegas que dejan mucho que desear. Pasan de endiosar hoy a defenestrar mañana al mismo actor (esta semana pasó con Gallardo), en un desequilibrio preocupante y carente de seriedad. Pero también es cierto que cuando el río suena por algo es y que subestimar a la prensa como si fuera el peor enemigo no resulta lo más aconsejable. El tiempo los deja en evidencia. A todos.

Se dijo que los rumores sobre Tevez y Gallardo eran inventos; uno se va de Boca, el otro duda de seguir en River.