Se hace difícil alejar la mirada de lo cerca que están las próximas elecciones municipales para opinar sobre lo que ocurrió el lunes por la noche en la ciudad de Plottier. Una verdadera batalla campal donde, por un lado, hubo jóvenes vecinos que necesitan una vivienda digna para sus familias y están dispuestos a todo para conseguirla y, por el otro, una Policía que una vez más encontró la solución a través de la represión, sin siquiera pensar por un segundo que en el medio de ese caos había niños, mujeres y abuelos. Pero lo sucedido en el terreno tomado por “los hijos del Chacay” no es más que un síntoma. Un síntoma de un proceso generado por la falta de una política de viviendas que se registra desde hace años, tanto desde el Gobierno municipal como, sobre todo, desde el provincial, que encontró en la localidad un lugar para muchos nuevos habitantes, pero que no acompañó ese crecimiento. En ese contexto de desorden se priorizó la renta inmobiliaria y se dejó de lado a los trabajadores y a las familias de menores recursos.
En los últimos diez años, Plottier creció en 4 veces su área urbana. Para eso arrasó con todas las chacras y allí alzó numerosos loteos a precios exorbitantes e inalcanzables para muchos. Justamente El Chacay, que había nacido como una toma y que se constituyó en un barrio humilde, quedó en el medio de dos de los más grandes emprendimientos inmobiliarios que existen actualmente en la ciudad. Y sus hijos, que se criaron escuchando la lucha que llevaron adelante sus padres por ese pedazo de tierra, hoy quieren repetir aquella proeza. Quizás sin que nadie les haya ofrecido durante todos estos años una opción diferente y una posibilidad para sus vidas.