El día que mi hija repitió de año, me amargué y me preguntaba una y mil veces por qué. No lo hacía porque yo había sido brillante en la escuela secundaria y nunca me había llevado materias. Al contrario, como tantos, no faltó un solo año en que no me llevara aunque sea una materia. Pero de ahí a repetir…
Por lo general, los que repetían lo hacían por problemas de conducta. No porque fueran pibes descontrolados, sino porque el sistema de disciplina en la década del 70 era exageradamente estricto.
Pasaron los años y los niveles de repitencia se fueron multiplicando, hasta que el famoso “desgranamiento” escolar alcanzó niveles alarmantes.
Siempre que mis hijos tuvieron dificultades, hubo contención familiar. Y, si eso no alcanzaba, se recurría a profesores particulares. Aun con toda esa dedicación, una vez no alcanzó y hubo que repetir el año.
Hoy, la dirigencia se alarma por la cantidad de pibes que no terminan la escuela y se pregunta por qué.
El método de enseñanza quedó obsoleto y los maestros no logran entusiasmar a los pibes para que entren en el mundo del conocimiento. Los chicos van por un lado y el sistema por otro. Los docentes perdieron además esa cuota de autoridad de otros tiempos y, temerosos, dictan clases con el riesgo de ser ajusticiados por sus mismos alumnos o por algún padre exaltado.
En las escuelas la preocupación pasa por luchas gremiales en busca de un mejor sueldo o en brindar la copa de leche a chicos que comen de vez en cuando. Y la familia, el ámbito donde debería aplicarse ese primer proceso de contención, está tanto más “desgranada” que el propio sistema educativo.
¿Es tan difícil saber por qué repiten los chicos? ¿O encontrar la respuesta da vergüenza?