El tema no es que la vaca sea grande, sino que alcance para todos. Eso me decía el otro día un amigo que es un veterano operador inmobiliario. Obviamente, hacía referencia al impacto que tendrá la formación Vaca Muerta en el aspecto económico y social de la provincia. Recordaba el fenómeno similar que se produjo en Neuquén durante la década del ‘70, cuando comenzaron las “grandes obras” hidroeléctricas.
En efecto, cuando se anunció la construcción del complejo Chocón Cerros Colorados tanto Argentina como varios países sudamericanos giraron su cabeza en dirección a la Patagonia. Era tan imponente el proyecto y se necesitaba tanta mano de obra que miles de personas de todos lados llegaron a la ciudad en busca de un mejor futuro.
Como en todas las grandes obras que sucedieron a El Chocón, gente llegó a la capital de a montones. Supuestamente, había trabajo para todos. Pero cuando las empresas comenzaron a tomar personal y los cupos se agotaron, muchos quedaron esperando en vano aquel trabajo con el que habían soñado.
El problema -recordó el operador- es que no todos los que quedaron excluidos del proyecto regresaron a su tierra. La mayoría optó por sobrevivir como fuera aprovechando el cambio de destino. “Así surgieron los primeros bolsones grandes de pobreza, algo que hasta ese momento no había ocurrido”, razonó.
Con la promoción de Vaca Muerta está ocurriendo el mismo fenómeno. La sobreexpectativa que genera esta riquísima formación es tan grande que ya comenzó a movilizar a miles de personas de otros lugares. Y, como decía mi amigo, no importa demasiado que la vaca sea grande. Lo que más preocupa es que alcance para todos.