Salvo el caso del intendente de esta ciudad, no debe haber antecedente en la Argentina electoral en donde quien encabece la intención de voto se lance a desafiar al pelotón que lo persigue. Encomiable lo de Horacio “Pechi” Quiroga. E inversamente proporcional a la decepción que produce que el debate entre candidatos a presidente no se vaya a realizar por la misma razón que Carlos Menem dejó la silla vacía ante Eduardo Angeloz. El que va primero no debate, esa es la regla. Daniel Scioli le escapa a la confrontación para no arriesgar los casi 40 puntos que le confieren las encuestas. Macri, aunque respira aliviado porque cree que ya tiene un salvoconducto para no poner en juego sus imperturbables 29/30 puntos, dice que enfrentará a sus pares, pero, la verdad, preferiría eludir a su peor pesadilla. Que no es el kirchnerismo, sino el renovador Sergio Massa, el único que amenaza la estrategia de la polarización a la que se aferran tanto Scioli como el jefe del PRO. Uno con la esperanza de ganar en primera vuelta. El otro, especulando con forzar un ballotage.
Por desesperación y necesidad, Massa terminó siendo el único que se colocó allí donde sus colegas dejaron un espacio: comprendió lo que el votante espera de un candidato. Después de todo, no parece demasiado pedir a quien quiere ser presidente que cuente qué piensa hacer si llega a la Casa Rosada. Pero lo que debería ser una obviedad, está moviendo la aguja a su favor. Tanto que en el cuartel del ex jefe de gabinete de Cristina se entusiasman con pincharle los globos al candidato de Cambiemos.
Mientras Roberto Lavagna, José Manuel de la Sota y Massa ya se exhiben como team, Macri todavía le propone a Scioli participar del debate… aunque sea por Skype.