La bucólica foto de Mauricio Macri y Elisa Carrió en los bosques de Palermo, con la que el binomio salió a ilustrar el acuerdo que sellaron el sábado, es apenas el comienzo de una trenza tupida llamada, en realidad, a cristalizar un acuerdo mucho más basto.
Con el radicalismo adentro, el PRO y la Coalición Cívica estarían en condiciones de ofrecerle al electorado 2015 la posibilidad de canalizar su voto en un espacio decididamente no peronista.
La jugada es audaz y temeraria. De acuerdo con los correveidiles de ambos partidos, Carrió iría a disputar a Macri, en un mismo espacio, la fórmula presidencial, solo que ella iría en segundo término, dejando al senador Ernesto Sanz la candidatura mayor. En el PRO descuentan que Mauricio vencería holgadamente en las PASO, más aún si lograran convencer a la senadora Gabriela Michetti de que en lugar de presentarse a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, como ya anunció, lo haga como candidata a vice del ingeniero.
En el kirchnerismo se frotan las manos. El acuerdo electoral entre Macri y Carrió –dicen– pone al candidato que emerja del oficialismo (Scioli, Randazzo o quien sea) en condiciones de ganar la elección en primera vuelta. Tal vez sea una exageración, pero la aritmética es tirana: la forma más directa de acabar con la hegemonía k radicaba en la suma de Massa más Macri. ¿Qué consecuencia tendría para la política neuquina la nueva entente? De los retadores al imbatible MPN, solo el intendente Quiroga se podría beneficiar algo con el apoyo anti-K que, una vez más, le ofrecerá Macri cuando se encuentren hoy en Junín de los Andes. Aunque Pechi empate en un segundo lugar con su aliado no nato, Ramón Rioseco.