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A 6 años del día en el que le dieron permiso a Vaca Muerta

La era shale se abría paso. El 28 de agosto de 2013, la Legislatura provincial autorizó el acuerdo entre YPF y Chevron para producir en Loma Campana.

Es una fecha clave. Un día que marcó un antes y un después. El 28 de agosto de 2013, la legislatura neuquina autorizó el acuerdo entre YPF y Chevron para explotar hidrocarburos no convencionales en Loma Campana, el área que se convirtió en el primer desarrollo masivo de no convencionales en América Latina.

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Es, en buena medida, donde se comienza a escribir la historia. Seis años después, buena parte del país es consciente de las chances enormes que supone la exportación a gran escala de hidrocarburos. Nada de esto se explicaría sin el desarrollo de Loma Campana, la segunda área que más petróleo produce en el país y algo así como el yacimiento que siguieron de cerca todos los grandes jugadores de la industria para ver qué pasaba. Y una vez que pasó, terminaron creyendo en las posibilidades del shale argentino. Dicho así parece sencillo, pero lo cierto es que no lo fue.

El proyecto, el permiso que debía otorgar Neuquén, contó con la adhesión de 25 legisladores; tuvo dos votos en contra y ocho ausentes, que decidieron dejar el recinto ante la violencia durante una marcha de sectores opositores que terminó con un joven herido de bala, Rodrigo Barreiro, que logró salvar su vida en el hospital Castro Rendón de la capital neuquina.

Hubo diputados y referentes políticos nacionales que cuestionaron que la sesión se realizara ante una escena cruenta en las inmediaciones. También repercusiones políticas que excedieron lo del recinto aquel día. El ex gobernador Jorge Sapag las recuerda cada tanto, al rememorar una derrota electoral que le atribuye al respaldo del MPN al convenio.

No fue el único escollo que debió superar el área emblemática de los no convencionales en la provincia.

Poco después llegarían los cuestionamientos de la entonces oposición al gobierno de Cristina Fernández, que ya había nacionalizado YPF, la empresa a cargo de la concesión ubicada al frente de Añelo.

Fue el episodio conocido como el de las cláusulas secretas del acuerdo Chevron-YPF, un largo camino de cuestionamientos protagonizado por referentes de varios sectores políticos, entre ellos el socialismo y lo que hoy se conoce como Juntos por el Cambio.

La negativa de la empresa a poner en riesgo sus operaciones dando a conocer un contrato confidencial con su socia Chevron, una gigante mundial, terminó cuando YPF le corrió el velo a ese acuerdo en su sede de Puerto Madero, el 20 de septiembre de 2016. Convocó a un puñado de periodistas, ofreció una copia del texto para que cotejaran y explicó la ingeniería financiera que planteaba ese contrato.

Allí, el CEO Daniel González contó que YPF había integrado una estructura de seis empresas, algunas de ellas con sede en Uruguay, Bermudas y Estados Unidos, para traer a Loma Campana unos 5000 millones de dólares y provocar un cambio de época en la historia petrolera del país.

Solo así, en medio de un clima jurídico con los fondos buitre atentos a los movimientos bancarios de empresas integradas por el Estado argentino, logró traer esos fondos al país.

Desde ese momento, la producción en Loma Campana no paró de crecer.

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También, esa área fue una punta de lanza para la curva de aprendizaje, con pozos de rama horizontal que crecen año tras año y con los mejores indicadores de productividad y competitividad del shale en Argentina, que les pisan los talones a los de formaciones de Estados Unidos como Permian.

Al mismo tiempo, el país transitó ese camino en el que buena parte de la clase política y empresarial tomó conciencia de las enormes posibilidades que implican los no convencionales.

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