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Agitaron el oeste más vivos que nunca

Divididos hizo delirar a cinco mil personas en el Ruca Che.

Neuquén

Emocionados hasta los dientes en ese alegre infierno que fue un estadio Ruca Che desbordado, Divididos dio una cátedra de rock. Y las cinco mil personas que coparon el oeste neuquino se encargaron de brindarle todo su afecto y levantar bien alto ese mote que desde hace muchos años lleva el trío: el de Aplanadora del Rock.

La noche del último sábado no fue como cualquier otra, sino que fue especial y memorable, al estar frente un Ricardo Mollo feliz y descontracturado (en todo momento interactuó con el público), un Diego Arnedo agradecido y visiblemente atónito con sus fans, más un Catriel Ciavarella con cara de pibe bueno que luego mutó en un desquiciado baterista desbordado de energía, algo que sucede desde 2004, cuando se decidió que era hora de inyectarle nueva sangre al trío.

En esta nueva visita, que llegó después de tres años, no existió presentación discográfica, ya que hace seis años que no entra al estudio. Lo de Divididos fue (y será) sencillo. Ir al frente y partir cabezas para ratificar que el vivo es lo suyo.

Con el himno nacional como intro, imprimiéndole una cuota de clima pasional y futbolero, el trío se fue atrás en el tiempo para comenzar con “Haciendo cosas raras” (40 dibujos ahí en el piso, 1989), en un show que se extendió por dos horas y media. Mollo y compañía realizaron un viaje por su historia musical en un set list de 25 temas que tuvo un bonus track, “Salgan al sol”, de Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll.

Contundentes, aplastantes de principio a fin, capaces de alcanzar fluidos cambios rítmicos cuando lo requieren, el power trío no escatimó en regalar clásicos como “Qué tal” –en una extendida versión con Mollo haciéndole un guiño a Carlos Santana-, “El burrito”, “Sábado”, “Paraguay”, “Azulejo” (Acariciando lo áspero, 1991), “Spaguetti del rock”, “El arriero” y “Paisano de Hurlingham”. A la hora de los homenajes, se pudo escuchar “Tengo”, de Sandro, y “Sucio y desprolijo”, del inolvidable Norberto “Pappo” Napolitano. También sumaron a la lista a Rubén Patagonia, al cantar un fragmento de “Talenke Yten” (Pequeño hermano, en la lengua Tehuelche) en “Hombre en U”.

Apoyando a las causa de ejercicio de concientización, la banda invitó al escenario a Estrellas Amarillas del Neuquén, la organización de familiares y amigos de víctimas de tránsito “Las mujeres son una usina. Ellas nos cuidan a todos nosotros”, señaló Mollo ante el aplauso de toda la gente.

Transitados los primeros 15 minutos del día de ayer, “El 38” y “Ala delta” fueron marcando la despedida, que se dio cuando el espíritu de Sumo –banda del mítico Luca Prodan que marcó un antes y después en el rock nacional- sobrevoló todo el Ruca Che: primero con el descomunal sonidos de gaitas en la guitarra de Mollo y luego con la demoledora “Nextweek”.

“Gracias, gracias… estamos vivos”, fueron las palabras del Cóndor Arnedo con las manos en alto y los puños cerrados, en un concierto de esos para guardar en el cajón de los recuerdos de una banda que te pasa por arriba (L.C.).

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