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Santa fe. Mientras familiares, amigos y vecinos de Esperanza despidieron los restos de Agustina Imvinkelried ayer por la mañana, se difundieron los primeros datos forenses sobre el femicidio de la joven, de 17 años: la chica murió por ahorcamiento, intentó defenderse y aún respiraba cuando fue ocultada por su asesino.
Los rostros tristes, con lágrimas en la cara y un dolor gigante de las personas cercanas a Agustina reflejan el sentimiento de una sociedad, que dice basta, que está cansada de femicidios. Y este asesinato fue, por el revelamiento del informe preliminar, de suma crueldad. Si bien no se registraron lesiones genitales, los detalles difundidos aseguraron que Agustina falleció asfixiada por compresión manual y por los brutales golpes que le dio su asesino, Pablo Trionfini, un empleado municipal que se quitó la vida cuando la Policía iba a allanar su casa. En los pulmones de la adolescente había restos de tierra, por lo que se cree que al momento de intentar esconder el cadáver, Agustina estaba con vida.
El mismo análisis forense se realizó sobre el cuerpo del presunto agresor y presentó golpes -coincidentes con tacos- en sus piernas, que serían indicios de que la víctima intentó defenderse.
Para avanzar con la investigación, los encargados están llevando a cabo las pericias correspondientes al celular de Trionfini. Además, intentan localizar el teléfono de Agustina, que podría aportar datos certeros sobre los momentos previos a su asesinato.