ver más

Al servicio de la experimentación

Con sus tres últimas funciones por ofrecer en el estadio Ruca Che, Fuerza Bruta llegó a la ciudad para marcar un fenómeno sin precedentes. En medio de la vorágine, el coordinador general de la compañía, Fabio D’ Aquila, se introdujo en los detalles técnicos y en el proceso creativo de este megaespectáculo.

Neuquén > Aunque Fuerza Bruta nada tenga que ver con el tango, es posible acudir a una frase de “Cambalache” para describir esta experiencia teatral que se presenta como un verdadero “un atropello a la razón”. Con ocho funciones ya realizadas de un total de 11 programadas en esta cuidad –hoy realizarán las tres últimas en el estadio Ruca Che– muchos entenderán de lo hablamos cuando acudimos a las palabras de Enrique Santos Discépolo para intentar explicar lo inexplicable.
La del director Diqui James es una propuesta que rompe todos los convencionalismos: los teatrales cuando abandona la idea estática del escenario, los de la proxemia cuando los actores irrumpen desafiantes en el espacio más íntimo del ser humano y entran en contacto físico con el espectador, la del argumento cuando no existe hilación alguna entre las escenas, la de los propios prejuicios, en definitiva, cuando invitan a los presentes a desatarse en baile carnavalesco o jugar con una lona que pasa por sus cabezas como si fueran niños otra vez. Esa es la magia de Fuerza Bruta: establecer un manifiesto estético y artístico capaz de desmoronar cualquier estructura racional.
El espectáculo se desarrolla en seis o siete escenas protagonizadas por un hombre que corre sin rumbo en una cinta, una murga que “rompe” el encierro de un grupo de bailarines, dos chicas que corren de un lado a otro sobre una tela metálica, y cuatro mujeres “anfibias” que se mueven sensualmente desde una pileta elevable, mientras  toman contacto con los espectadores.
A partir de esa construcción, el espectáculo podría pensarse en términos cinematográficos, quizás más próximos a la “narrativa” del video clip: una sucesión de acciones, cargadas de efectos visuales y sonoros. Sin embargo, lejos de la posibilidad de la edición todo lo que se ve sucede realmente. No hay sugerencias, ni metáforas: el hombre que corre y atraviesa una puerta o las mujeres que nadan lo hacen real y literalmente. Y para que eso sea posible hay todo un despliegue técnico y tecnológico en el que quizás pocas veces reparan los espectadores.
Para entender un poco cómo funciona el detrás de escena y la importancia de este aspecto en la concreción del show, Fabio D’ Aquila, coordinador general de la compañía, destaca: "Si hay algo que no se puede decir de Fuerza Bruta es que sea minimalista", y asegura que sin todo ese despliegue, este espectáculo no sería posible.
“Fuerza Bruta es eso. Está muy influenciado por la tecnología, la utilización de máquinas. No nos imaginamos una obra que no tenga ese apoyo. Y también es como una tendencia hacia la creatividad actual. Hay una necesidad de seguir experimentando nuevas sensaciones. Si no ¿cómo le transmitís al público algo diferente? Nosotros ya tenemos un recorrido hecho y cada vez nos cuesta más no repetirnos. Entonces ahí es donde buscamos nuevos materiales, nuevas cosas”, aseguró el músico y actor, en referencia al trayecto recorrido desde que la compañía la Organización Negra derivó en De la Guarda hasta llegar a Fuerza Bruta.
 
De la idea a la realidad
Estrenado en 2005, en Londres, el show que Fuerza Bruta que hoy se despide de los neuquinos y que giró los últimos años por importantes ciudades como Lisboa, Londres,  Miami, Berlín, Caracas y San Pablo, Singapur, Israel, Chicago, Madrid,  entre otras, le demandó a la compañía aproximadamente un año y medio de armado, hasta que se diseñaron las escenografías y se optimizaron los recursos técnicos para llevar la idea del papel a la realidad.  
Lo técnico es tan protagonista como los actores y concientes de eso surge la pregunta inevitable de si este aspecto puede atentar o limitar en algún sentido la creatividad. Seguramente que sí, pero allí radica el mayor desafío para los creadores de Fuerza Bruta,  el de poder dominar los componentes “duros” para ponerlos al servicio el hecho artístico. 
En ese proceso, según contó D’Aquila, primero surge la idea, la imagen. Eso se trabaja en el núcleo más íntimo de Fuerza Bruta –que él conforma junto a James, Gaby Kerpel (director musical) y Alejandro García (director técnico)– y después se traslada a un plantel técnico integrado por un ingeniero, un arquitecto y un diseñador industrial.
“Siempre está el boceto que trae Diqui, la idea conceptual. Después lo desarrollamos técnicamente. Ahí empieza toda una experimentación con materiales. Buscar cosas que funcionen, sean resistentes, económicas. Cuando empezamos a acercarnos ya hay una adaptación de la idea del creador al materia que logramos”, explicó el coordinador general y develó que el material para construir la “pileta” lo descubrieron en la industria de la electricidad. Se denomina Mailer y se utiliza como aislamiento en los transformadores de alta tensión.
 
Devenir
A pesar de que para muchos argentinos su primer contacto visual con esta experiencia teatral fue a partir de la celebración del Bicentenario, paradójicamente la compañía ha conseguido tal éxito que, además de las giras por todo el mundo tiene un elenco estable en Nueva York, desde hace cinco años.
Vistos por más de un millón y medio de personas, el show de Fuerza Bruta se ha convertido en un fenómeno sin precedentes. Es que para entender el presente es necesario revisar el pasado, cuando comenzaba la indagación.
  En 1984 tras asistir a la presentación del grupo catalán La Fura dels Baus durante el I Festival Latinoamericano de Teatro de Córdoba, un grupo de estudiantes del Conservatorio Nacional de Arte Dramático (ENAD) decide crear una agrupación de experimentación teatral denominado la Organización Negra. Una compañía en la que  Diqui James y Pichon Baldinu buscaron crear una línea de expresión que encontraba en el cuerpo el eje de su leguaje expresivo.
Según recuerda D’Aquila “la organización nació en un momento de muchísima revolución artística en el país. Estábamos saliendo de la dictadura y había como una carga emocional muy fuerte. Había mucho que mostrar y La Organización tenía una línea de teatro duro, era de choque, de golpearte para que reacciones. Era algo más hermético. Éramos sólo hombres y había una energía bien masculina”, recordó.
Tras esa intensa experiencia y en un intento de quebrar con el “karma” de la comparación con los teatristas catalanes, sus creadores buscaron una nueva perspectiva para seguir explorando y explotando la potencia física: así nació De la Guarda, el primero gran fenómeno masivo que protagonizaron estos artistas.
“La primera frase que salió –recordó D’ Aquila– era que queríamos ser un ‘corrimiento hacia la felicidad’. Ahí incorporamos a las chicas, empezamos a trabajar con el grupo de danzas El descueve. Queríamos meterle al teatro la cosa del carnaval, de concierto de rock, de la gente”.
 
El desgaste
Con un impacto inesperado, en nueve años (1993-2002), la compañía creció  intangiblemente y De la Guarda llegó realizar funciones diarias durante un año y medio en Londres, y a tener cinco elencos simultáneamente en distintas partes del mundo. Dos de ellos estables, en Nueva York y Las vegas, y los tres restantes de gira por México, Corea y Holanda. A pesar de la dimensión que cobró el espectáculo, el éxito sobrepasó a sus integrantes.
“Habíamos crecido de una forma desmedida, en cuanto a lo que uno abarcar. Diqui, Pichón y yo actuábamos hasta ese momento. Y nos pasó que dejamos de hacerlo para empezar a dirigir, a hacer castings, a entrenar actores. Empezamos a sentir que éramos administrativos en nuestra propia obra y ya no podíamos seguir experimentando. No tuvimos la capacidad de poder delegar. Eso nos desgastó, y Pichón y Diqui ya artísticamente se habían alejado”, recordó D’ Aquila sobre un proceso que implicó dejar todo atrás y arrancar de cero, armando Fuerza Bruta, bajo el “compromiso de seguir experimentando cosas nuevas”, dijo D'Aquila.
A partir de ahí todo continuó casi orgánicamente. El camino ya estaba trazado y sólo faltaba volver sobre sus propios pasos para desatar el nuevo fenómeno que solamente aquí en esta ciudad será visto por más de diez mil personas.
 
Hacia el boom
Siempre intentado superar lo ya hecho, el núcleo creativo de Fuerza Bruta trabaja constantemente en nuevos proyectos. Después de haber protagonizado el mega desfile del Bicentenario, de haber estado cuatro meses en Tecnópolis, y haber estrenado su nuevo espectáculo “Wayra” en el estadio Luna Park, la próxima apuesta de la compañía es regresar en diciembre a Londres, una ciudad donde “se presentan todas las movidas culturales. Y lo que realmente pega en Londres pega en el mundo”.
Los shows serán en Roundhouse, un antiguo galpón de motores ferroviarios que se ha convertido en un recinto para conciertos, un espacio mítico que existe desde los ’70 donde tocaron grandes como David Bowie, Pink Floyd y Jimmy Hendrix, entre otros, y que guarda una intensa relación con los argentinos. 
“En ese lugar estuvimos con De la Guarda casi un año y medio, y cuando terminamos lo cerraron para reconstruirlo. Cuando lo quisieron reinaugurar nos volvieron a convocar, pero ya nos habíamos separado. Entonces dijimos que sea Fuerza Bruta y el lugar se reinauguró con nosotros. Fue muy importante, porque se trata de un espacio icónico de la cultura, y reabrió con nosotros, no con un grupo inglés. Además lo loco es que ahora volvemos y el slogan con el que nos promocionan es ‘The legend is back (regresa la leyenda)’. Es muy groso”, dijo más que entusiasta el actor que, aunque todavía faltan dos meses para su presentación, cuenta que llevan 20 mil entradas vendidas.

Con el pie izquierdo

Neuquén > En términos de seguridad, además de ingenieros y gente idónea en el armado de estructuras, la compañía cuenta con andinistas que son los encargados de chequear que el material de escalada que se usa durante el show esté en condiciones y bien colocado. Todo está exactamente calculado, aunque la cosa más pequeña puede fallar.
El último jueves, durante el estreno en esta ciudad, pasó lo inesperado: se cortó el audio en medio de la primera escena.
“Empezamos con la pata izquierda. No sabés lo que fue”, dice D’Aquila que cuenta que esos minutos fueron interminables.  Mientras el público esperaba y quizás pensaba que todo era parte del show, un actor irrumpió en escena, pidió disculpas y avisó del problema técnico. Había que volver a empezar.
“Hubo que remarla porque el ánimo se te viene abajo. Y después estás pendiente todo el tiempo de que no te vuelva a pasar. Perdés la confianza”, cuenta el coordinador del elenco que después fue por la revancha. 
“Las cosas te pasan siempre. Hay un montón de situaciones que tienen que ver con lo técnico que, por más experiencia que tengas, nunca estás exento de que te pasen”, concluyó.

Seguir experimentando

Neuquén > Cuando Diqui James volvió a convocar a algunos de los que ya estaban con él en De la Guarda para armar esta nueva experiencia teatral, el compromiso estaba claro: seguir investigando, experimentando.
Esa es justamente una de las tareas a las que se aboca D’Aquila cuando no está seleccionando, entrenando actores o coordinando algún show.
“En el día a día tratamos de desarrollar varias cosas para presentar nuevos proyectos. Debemos presentar tres o cuatro proyectos por mes que quizás quedan en la nada, pero estamos siempre metidos en algo", aseveró D'Aquila. .
Parte de esa búsqueda se vio plasmada en Tecnópolis, donde la compañía estrenó dos nuevas escenas: una donde “juegan” con hierro fundido y la globa (una especie de lona gigante con forma de panal que cubre a los espectadores) que también fue usada en “Wayra”.
D’Aquila contó que de ese espectáculo salieron las “necesidades que superan nuestro deseo artístico. Los productores en el exterior nos decían que teníamos que armar algo para una arena, llevarlo cada vez más a algo más parecido a un concierto de rock”.
Así nace un nuevo formato “que decidimos tomar como un espacio de experimentación donde podemos presentar lo nuevo y los hits”.
Cuando el actor habla de hits, se refiere a escenas como las del corredor o la pileta, hallazgos de la compañía que pegan en todos lados y nunca pierden el impacto.
“Es como cuando una banda te toca el disco nuevo y los temas que a vos te gustan. Y a los hits tratamos de darle otra dimensión. Por ejemplo, en 'Wayra' hay dos piletas en vez de una y jugamos con el tema de subirlas y bajarlas”, detalló.

Te puede interesar