En ese terreno triangular, que quedó libre cuando se loteó el barrio, los escombros cambiaron por los malvones y el olor de los deshechos es ahora el intenso aroma de la lavanda. Todo es obra de José, que hace un año retiró todos los yuyos del pequeño predio y los convirtió en el abono para alimentar las plantas que mudó desde su patio trasero.
"Es un vecino consciente y colaborativo porque, además de reclamar por el basural, hizo algo para todo el barrio. Nosotros aportamos algunos gajos de nuestras plantas". Haydee. Vecina de la cuadra
"Yo lo veo siempre, desde las seis de la mañana, que sale a atender el jardín", apuntó Telma, otra vecina de la cuadra. José le dedica todo el día a ese espacio que sirve para el disfrute colectivo de la zona. Sin ayuda, se encarga de desmalezar, cortar el pasto y regar las flores con su propia manguera, que sale desde su casa y atraviesa la calle para terminar en un aspersor que humedece la tierra con un suave sonido intermitente.
"Cuando él era chico vivía en el campo y siempre tuvo ganas de tener una huerta. Ahora la va empezar acá en la plaza, donde antes había un basurero". Luciano. Hijo de José
"Por acá pasan los autos, le pisan la manguera y la terminan rompiendo", señaló Haydé y aclaró que José muchas veces tuvo que afrontar el gasto de una nueva. Por eso, la vecina llamó a la Municipalidad para pedir que la comuna se haga cargo de instalar el riego por aspersión.
"Me parece muy bueno que esté ese jardín, estamos organizándonos con otros vecinos para conseguir una donación de pintura y hacer un mural con una poesía". Vanesa. Vecina de la cuadra
El jardín tiene de todo. Malvones con rojos y rosados intensos, margaritas moradas y blancas que crecen bien alto en busca de la luz, árboles incipientes, una parra, girasoles y hasta plantas de maíz. "Cuando pasamos siempre nos da consejos para cuidar las plantas, nos contó que puso el maíz pisingallo porque una de sus hijas quería saber de dónde salían los choclos", explicó Haydé.
Luciano, el hijo de este jardinero aficionado, contó que su padre trabaja en una avícola y se dedica en solitario al cuidado de esta plaza. "Siempre nos cuenta que tiene ganas de haya riego por aspersión y la idea de poner árboles nuevos", detalló.
La plaza alimenta los sueños de los vecinos, que ya se imaginan la presencia de bancos, más árboles y hasta un mural para decorarlo. Aunque el espacio es limitado para instalar juegos, los más chicos de la cuadra igual disfrutan de tener un lugar al que pueden ir a jugar solos.