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"Apenas tenga a los chicos, vamos a hacer la denuncia"

Se lo dijo Delia a una amiga un día antes del femicidio, el 29 de noviembre.

El juicio por el femicidio de Delia Aguado, que concluyó el viernes , dejó al descubierto el calvario que ella vivía y cómo continúa la vida de los hijos de las mujeres asesinadas, que son a su vez víctimas colaterales de la violencia de género. Actualmente, los tres hijos de Delia y Diego Tolaba están siendo cuidados y contenidos por la madrina de uno de ellos.

“Los niños quisieron quedarse conmigo y yo quise tenerlos. Empezó una nueva vida con los chicos”, afirmó en el juicio la amiga de Delia, quien cuida de sus tres hijos de 12, 7 y 2 años desde el 30 de noviembre de 2018, cuando ella no regresó de su salida la noche anterior con Diego Tolaba. Desde ese momento, la vida de todos cambió, y si bien explicó que “muchas veces no tengo respuestas”, el amor que construyen día a día como familia se nota en sus palabras.

Para cuando le tocó el turno de declarar el miércoles, era la última testigo que presentaba la fiscalía para cerrar su etapa de producción de prueba. “Es durísimo estar acá hoy”, alcanzó a explicar alrededor de las 13, mientras se tapaba la cara e intentaba acallar el llanto, ahogar el dolor.

“Delia era una mujer de mucho brillo, muchas sonrisas, luchadora, lo que más deseaba era terminar su carrera”, la recordó con cariño.

Comentó que cuando Delia estuvo embarazada por segunda vez, le pidió ser la madrina y ella aceptó, y resaltó cómo se acompañaban ya desde aquellas épocas en que la falta de familia directa en Neuquén las unió aún más.

Me hubiera gustado ser un poco como Delia en algunas cosas. Luchadora, emprendedora, buena mujer, humilde, de esa gente que vale la pena conocer. Me tocaron las partes más tristes y más feas de esta historia

El calvario que vivió

“Ella consiguió trabajo en el campo y ahí su vida se volvió un infierno. Él empezó a celarla, que cambie de trabajo, de empresa, que ella no podía tener un mejor sueldo, que seguro se acostaba con alguien”, apuntó sobre lo que devino luego.

“Venía todos los días a mi casa. ‘No doy más, extraño a mis hijos, pero no quiero volver a mi casa, me vuelve loca por teléfono’”, recordó sobre una de las tantas charlas que tenían entre ambas, cuando Delia pasaba a desahogarse a su vivienda antes de irse a la suya.

“Ella tenía pánico de dejarlo, él le volvía a prometer que iba a cambiar y al día siguiente ella pasaba por lo mismo”, afirmó. “Apenas tenga a los chicos, vamos a hacer la denuncia”, le dijo Delia a otra de sus amigas un día antes del femicidio. “No le iba a servir de nada hacer una denuncia si le hacía algo a uno de los nenes”, aclaró su amiga, y contó que esperaba mudarse con sus hijos primero.

--> Red de contención ante la violencia

Las amigas de Delia que declararon como testigos fueron claves en el desarrollo del juicio. En cada una era palpable la actitud por recordar y aportar hasta el último detalle que pudiera reflejar la verdad que su amiga ya no puede contar. Sus testimonios acerca de las violencias que ella sufría fueron casi calcados. Delia les pedía que no le escribieran, que la llamaran, que él le había escaneado el whatsapp y que la controlaba por ese medio.

“Diego la echaba y Delia dormía en la plaza o en el patio”, afirmó una amiga. Sobre esto Tolaba habló cuando pidió la palabra el viernes, minimizando el miedo con el que vivía Delia y desmintiendo la violencia ejercida.

“Se ve que sus amigas no me conocen. ¿Por qué tenía miedo a hacer la denuncia?”, apuntó Tolaba, quien finalmente fue hallado culpable por unanimidad por el femicidio.

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