La cinta, presentada oficialmente el último sábado a los medios, "no fue fácil de hacer", según dijo Darín a Télam. "Nos costó mucho, no es una historia fácil sino compleja y sensible, que puede herir algunas susceptibilidades. No sé si el personaje tiene razón o no, no lo sabemos, es alguien que huye, en principio no se sabe de qué, y que se enfrenta a un personaje oscuro y ordinario", señaló el actor que viene de brillar con Truman, producción con la que conquistó España al ganar el premio Goya como mejor actor y mejor película.
Tras ese hecho que lo decidió a dejar el uniforme y partir con destino a un pueblo perdido, para dejar pasar el tiempo sin revelar demasiado de sí mismo, Kóblic (nombre del personaje), según sintetizó Darín, no es "ni un héroe ni un antihéroe", descubre el costado oscuro de Colonia Elena y la presencia de un comisario siniestro que se convertirá en su peor enemigo y lo forzará a tomar las riendas de su destino, sin importar el medio.
Borensztein aclara que "Kóblic no existe, es un personaje de ficción, lo que sabemos todos es el contexto histórico, que hubo cientos de vuelos, cada uno debe haber sido un infierno y uno puede imaginar que puede haber pasado de todo. Lo que recreamos con Alejandro (Ocón) es la idea de un tipo que entra en una contradicción, una crisis interna que es su motor emocional, un hombre que es parte del horror del que él mismo pretende escapar".
1977 Año de plena dictadura militar en el que se ambientó la cinta de Borensztein.
Vuelos del dolor
El horror del que se esconde Tomás Kóblic es la imagen de tres personas vivas que son lanzadas al Río de la Plata por la puerta trasera de un avión, una escena que se hizo común durante los años de la última dictadura como método de los militares para deshacerse de opositores al régimen.