No habrá otra igual. Escucharla emociona como la primera vez. O más aún, porque trae nostalgias y recuerdos. Enseguida se la relaciona con aquel heroico equipo argentino que de la mano de Maradona superó todos los obstáculos y adversidades y llegó a la final de Italia '90. Es, sin dudas, la mejor canción en la historia de los mundiales.
"Notti magiche, inseguendo un gol...". La voz desgarrada de Gianna Nannini sigue erizando la piel. Se cumplen ya tres décadas, 30 años de su debut en el certamen, con aquel partido inaugural que Argentina perdió 1 a 0 con Camerún, en la casería contra Diego que fue víctima de la violencia africana.
"Un' estate italiana" ("Un verano italiano") es el himno más recordado de la historia de los Mundiales. El italiano Giorgio Moroder es el autor de esos acordes que llenan el alma y hace que se nos piante un lagrimón.
Era el productor musical de Donna Summer y un compositor de éxitos de cine: Expreso de Medianoche (1979), Flashdance (1984) y Top Gun (1987), con la recordada Take my breath away le habían valido tres premios Oscar -además el tema de “La Historia sin Fin” en 1984 es de su autoría-. Los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 y de Seúl 88 también lo tuvieron como generador de sus himnos. Y en 1989, la organización del Mundial lo convocó para su canción oficial.
Su socio en Top Gun, Tom Whitlock, escribió una letra en inglés que hablaba sobre las ansias de triunfo para ser número uno -de ahí el título del tema- y sobre el juego limpio. La versión con el pelilargo estadounidense Paul Engemann al micrófono, no conformó a Moroder. “Era sencilla y le faltaba pasión”, reveló luego (y con razón), lo que le valió pelearse con Whitlock.
“¡Edoardo! ¡Gianna! Vieni qui”, convocó Giorgio a Bennato y Nannini, íconos del rock-pop de su país. Y el Charly García y la Fabiana Cantilo en versión tana (recordemos, estamos en 1989) escribieron una letra más pasional. “Forse nos sarà una canzone, a cambiare le regole del gioco”, arrancaba él, con guitarra en mano, una canción que no iba a ser para cambiar las reglas del juego. “Ma voglio viverla cosi quest’avventura, senza frontiere e con il cuore in gola”, completaba ella, dispuesta a experimentar esta aventura así, sin fronteras y con un corazón en la garganta.
Así la convirtieron en un sentimiento inolvidable. Pero lo extraño es que la química de esa dupla, improvisada para el Mundial y que donó todas las regalías a Amnistía Internacional, duró lo que el ‘estate’ (verano) italiano, y no volvió a compartir un escenario. Igual quedaron en la historia. Para siempre.
LEÉ MÁS