Más allá del importante caudal de emprendimientos en la región, el universo cervecero sigue siendo tierra fértil para los amantes de la elaboración artesanal que apuestan al sueño de hacer una vuelta de página en su trayectoria laboral para convertirse en protagonistas de su propio proyecto.
Algunos van por más. Ponen también el foco en las consecuencias de su creación y se nutren también de los momentos sociales que generan, los vínculos que van construyendo en el camino y las iniciativas de las que terminan formando parte sin preverlo. Tal es el caso de Juan Pablo Speranza, quien en 2017 abandonó la carrera que venía desarrollando en recursos humanos para incursionar en un ámbito desconocido y admirado, junto a Bárbara, su pareja y socia en aquel entonces.
"Esto nació del deseo de poder producir algo de lo que uno consume", comenzó diciendo el hacedor de Birra de barrio (Bdb), luego de declararse un "apasionado de las birras artesanales". "Hace unos años, en el 2013, hice un viaje a Villa Pehuenia con unos amigos y cuando visitamos la cervecería Drumlin nos preguntamos: '¿cómo este loco hace birra acá en el medio de la nada y nosotros no, teniendo mayores facilidades?'. Eso disparó la idea", recordó el productor para luego comentar que, tras un tiempo de preparación y ensayos en la fábrica de un amigo, en 2017 vio la posibilidad de lanzarse al ruedo.
"Él cambió su equipo, nos pasó sus ollas y empezamos a armar la fábrica. En febrero del 2017 fue la primera cocción. Hasta finales de ese mismo año trabajé en una empresa en el área de recursos humanos. Luego, cómo la fábrica empezó a crecer, me dediqué exclusivamente a eso. Me llevó todo un año establecer la receta de los cuatro estilos más demandados -IPA, APA, Golden y Scottish - y apuntar a lo que quería. Llevó unos meses elaborar a prueba y error, compartir, seguir probando otras cervezas para no perder parámetros. Una vez que logramos lo que buscábamos empezamos a darle mayor producción y fuimos por la habilitación, era un paso necesario para comercializarla", señaló sobre los comienzos.
Al principio apuntamos a trabajar con barriles de 9 o 20 litros para personas particulares que nos pedían para juntadas o cumpleaños. En ese momento, las fábricas tenían una demanda tan grande que apuntaban a los barriles de 50 litros y no le daban mucha bola a eso. Ya con la habilitación apuntamos a trabajar con bares y growlers. En ese sentido nos dio una mano muy gran Nico Visne. Él tenía muy buena relación con la gente de Morrigan, que tuvo un gesto maravilloso con nosotros: Nos permitió poner nuestros barriles en la vereda con unos tachos con hielo y vender la birra ahí al público de manera precaria pero romántica. Además nos dio toda la ganancia de eso, fue un paso inicial muy agradable", remarcó con gratitud.
La relación con los dueños de Morrigan se afianzó de tal manera que al tiempo de inaugurar sus canillas en el bar -ubicado en Elordi 39- las cervezas elaboradas por Juan Pablo quedaron como marca exclusiva del lugar.
"Eso nos abrió las puertas para que la gente nos conozca porque tienen una movida cultural muy piola. Hay mucho movimiento, gente diversa. A partir de ahí nos empezaron a llamar y pudimos ubicar la birra en otros sitios", relató para luego precisar que actualmente las variedades de Birra de barrio se pueden disfrutar en el bar Oid Mortales (Belgrano 3437), Bier Barón (Antártida Argentina 3198), el carrito de comidas gourmet Boca de Lobo, la pizzería Garibaldi en el barrio San Lorenzo y otro food truck ubicado en Moritán y San Martín.
"Más allá de Morrigan, que está en el centro, siempre hemos tratado de estar cercanos a la fábrica, que queda en Sargento Ramirez 4080, y al barrio por una cuestión de logística para hacerle honor al nombre", postuló.
En los inicios Juan Pablo y Bárbara eligieron el nombre Kreusen para distinguir a su cerveza, en alusión al proceso y la espuma que aparece cuando fermenta. Sin embargo, con el tiempo se modificó casi en forma natural.
"El slogan era 'Birra de barrio'. Había unos chicos que siempre iban a comprar y nunca se acordaban el nombre. Siempre decían 'birra de barrio'. Y un día pensé en cambiarlo porque Kreusen era parecido a otras marcas y no se lo iba a acordar nunca nadie. Evidentemente lo que se recordaba era 'birra de barrio', así que se tenía que llamar así", explicó Juan Pablo.
"Además era una reivindicación o una puesta en valor de los barrios, del sentido de pertenencia que teníamos cuando éramos chicos al jugar en las calles. También por una cuestión ideológica quizás, tratando de acercar eso a lo popular para que la birra artesanal no sea una cosa exclusiva de gente que tiene un buen poder adquisitivo. En ese sentido, tratamos de manejar precios accesibles. Para eso hemos tenido que absorber aumentos de las materias primas que constantemente cambian. A veces cuesta, pero apuntamos a que no sea una birra de barrio privado, sino una birra de barrio popular", remarcó.
"Con Morrigan tenemos el acuerdo mutuo de intentar no aumentar porque sabemos lo que le cuesta a la clase trabajadora salir y tomarse un par de pintas. Queremos que eso no sea un lujo, sino que sea un gusto que esté al alcance de cualquiera", agregó.
Consultado sobre cuál es su mirada respecto al mercado cervecero de la región, en el que intervienen numerosos actores, Juan Pablo expresó: "Cualquiera que tenga el deseo y la pasión por hacer birra la puede hacer. Mucha gente la hace en su casa, es como el pan. Te saldrá mejor, peor, pero lo podés hacer. Al mismo tiempo hay muchas panaderías, así que parece que hay lugar para todos. Eso lo digo asociando la cerveza con el pan. De hecho muchos dicen que la birra es el pan líquido".
"Después me parece buenísimo que alguien se apasione con algo y si es la birra, hacelo. Cualquiera que haga las cosas con honestidad, merece ser parte. Eso es lo importante, ser honesto en lo que uno hace. No vender cualquier cosa o hacerlo como un negocio y que te de lo mismo tener una fábrica de cerveza que un kiosco. Hacelo porque te gusta, porque te apasiona, porque te mueve. Si lo vas a hacer solo por lo comercial, seguramente no prospere porque no vas a poder trasladar la pasión de lo que hacés a la gente que la consume y eso se va a notar. Quizás sea un poco romántica mi visión, pero tiene que ver con el proceso personal. Yo estudié, experimenté, me despertaba y me acostaba pensando en birra y creo que mi trabajo es honesto en ese sentido y le da un valor agregado", consideró.
Además de destacar la integridad y la pasión como el diferencial de Birra de barrio, Juan Pablo mencionó el carácter "anti marketing" de su propuesta como otro distintivo. "Creo que la gente tiene que elegir el producto por lo que es y no por lo que aparenta ser. Hay casos en los que el nombre o la apariencia termina vendiendo más que el producto en sí mismo, es como que no tiene sustento.", planteó el emprendedor.
De cada al futuro y con nuevo equipamiento, Birra de barrio abrirá el juego con nuevos estilos de cerveza
"Nosotros estamos muy del lado de los trabajadores y de las minorías. Tratamos de acompañar una línea ideológica que nos represente, cuestiones culturales. Muchas veces lo hacemos en silencio, colaborando de la manera que se pueda ya sea con un aporte solidario o precio diferencial. Creo que dar hace que recibas por otro lado. Hacer circular esos valores que me parecen importante", aseveró.
A la hora de hacer un balance del camino que recorrió con Birra de barrio, manifestó: "La mayor satisfacción tiene que ver con una cuestión de realización personal, de acercarnos a los ideales con los que uno sueña, a gente que valió la pena conocer. Que lo que uno hace le alegre la cara, la noche o el día a alguien llena un poco el alma".
"Ver como comparten un rato con la birra que uno hizo es satisfactorio", recalcó antes de agradecerle a Matías Mansilla por el "profesionalismo y el compromiso" con el que trabaja en la fábrica y destacar el aporte de Bárbara, aunque desde 2020 ya no sea parte del proyecto. "No quiero dejar de mencionarla porque es una persona que fue parte del proceso y que además quiero mucho", concluyó.