NEUQUÉN
El cacique wichi Aiko Marán busca pistas. Hace dos años, dos hermanos de su comunidad se fueron sin decir a dónde, y el líder del pueblo llegó hasta Neuquén desde su Salta natal en una larga peregrinación para encontrarlos.
Aiko se aferra a la efímera posibilidad de que sus dos hermanos wichi sean ahora trabajadores golondrina en alguna chacra de la región. “Les dicen chacras, ¿no?”, pregunta.
Es que el paisaje que ve a diario desde su comunidad, en el Impenetrable del Chaco salteño, le ofrece un tejido enrevesado de exuberante vegetación que no se parece en nada a las cuadriculadas alamedas del valle.
En la búsqueda de Roque Ismael Altamirano, de 40 años, y de Jorge Alfaro, de 42, Aiko recorrió a pie las chacras de Cinco Saltos. “Pensaba que era un lugar pequeño pero es muy amplio”, dice Aiko.
El cacique salió a buscarlos ante el reclamo de su pueblo y probó suerte primero en los campos cercanos a Bahía Blanca, donde podrían estar cultivando cebolla. “Pero ahí ya no quedaban puestos de trabajo y me dijeron que podrían estar en Toay”, señala el hombre.
“Yo no quiero la jerarquía, sólo la felicidad de mi pueblo. Yo respeto si ellos no quieren volver, pero queremos saber cómo están”. Aiko Marán Cacique de la comunidad wichi
Se los imaginó entonces con las manos cubiertas de arcilla y viajó hasta La Pampa para volver a verlos, pero las cooperativas que agrupan a los ladrilleros de la zona no tenían registro de ellos. Entonces, le dijeron que probara suerte en el Alto Valle, donde la cosecha emplea gente de todo el país.
Aiko responde preguntas a los medios con el deseo de que los diarios se escribieran en wichi. Así, Roque y Jorge, que sólo dicen dos o tres palabras en castellano, podrían saber que su pueblo los está buscando para que vuelvan a su recóndito rincón de la selva, a tres horas en balsa de la última ruta.
¿Por qué se fueron? Aiko explica que la estructura matriarcal de su comunidad hizo que las mujeres lo eligieran a él como cacique, a pesar de sus 50 años y su perfecto castellano, sus chombas y sus jeans que lo hacen más blanco que wichi. La elección molestó a los dos hombres, que se fueron y dejaron a un pueblo lleno de dolor e incertidumbre.
Puede que Roque y Jorge, que recibieron sus nombres por la arbitraria decisión de un oficial del Registro Civil, estén ahora montados en una escalera seleccionando manzanas para llenar un bin. Puede que hayan formado una familia como los blancos, una opción que no se permite dentro de los wichi. O puede que necesiten volver a su tierra y no puedan hacerlo. Por eso Aiko salió a buscarlos.
Cultura
Un niño que había sido rechazado
Según la tradición wichi, cada 1º de agosto, las mujeres vírgenes que tengan 12 años eligen al padre de su primogénito y se convierten, así, en mujeres plenas. Pero la mamá de Aiko Marán fue tocada antes de cumplir ese ritual y, con 13 años, se convirtió en la madre de un niño que fue rechazado por su pueblo. “Mi mamá y yo fuimos considerados impuros, por eso ella me entregó a un colegio de franciscanos en Salta para que me educaran”, explicó Aiko, que luego regresó a su comunidad de 496 habitantes en El Algarrobal, dentro del Impenetrable del Chaco salteño.