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Horas nada más son las que quedan de 2022. Para algunos pasó muy rápido, para otros demasiado lento. El fervor y la adrenalina por la obtención de la Copa del Mundo –llegó la tercera- aún nos tienen mareados en este diciembre tan distinto a los que hemos vivido en años anteriores. No es que la preocupación por la economía, la crisis social y la inseguridad se nos hayan ido, pero al menos tuvo un gusto distinto.
El 22, “el loco” en la jerga de la quiniela, tuvo ribetes para todos los gustos. Si en febrero nomás, Putin decidió invadir Ucrania y de repente hasta el kilo de pan en Argentina dependía de cuántos misiles lanzaba Rusia.
Quizás el hecho más fuerte en los últimos años de la democracia fue el intento de magnicidio de la vicepresidenta Cristina. Están las teorías de que fue todo un montaje, y otras de una conspiración aún más siniestra. La grieta todavía no nos abandona, tampoco la incertidumbre económica que este año se llevó a dos ministros como Martín Guzmán y Silvina Batakis. Como en otrora el mejor equipo macrista económico de los 50 años, el gobierno de Alberto a lo largo del año navegó por aguas turbulentas sin encontrar el rumbo.
El 2023 (en la quiniela, “la mariposa”) será electoral. Por estas tierras, el martes conoceremos cuándo iremos a las urnas, en una contienda electoral que promete ser reñida y llena de cruces y traiciones.
Vaca Muerta seguirá siendo el principal motor de nuestra economía local, a la que se suman la construcción y el turismo, este último cada vez más fuerte. En el medio aún quedan deudas por saldar: la desocupación, la pobreza, la educación... ¡Salud, buen año para todos!