{# #} {# #}
El desarrollo nacional será parte de la histórica misión que busca regresar astronautas al satélite natural después de más de medio siglo.
Argentina dio un paso trascendental en materia espacial con el lanzamiento de ATENEA, un microsatélite diseñado y fabricado en el país, que participará de la misión Artemis II de la NASA. Esta iniciativa marcará el retorno de astronautas a la Luna, algo que no ocurre desde 1972, y servirá de base para futuras exploraciones hacia Marte.
El dispositivo, fruto de la cooperación entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), universidades públicas, organismos de investigación y la empresa VENG, ya superó con éxito las pruebas exigidas por la agencia espacial estadounidense. Tras pasar ensayos funcionales, de vibración, compatibilidad electromagnética y de resistencia en condiciones extremas en el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Córdoba, el satélite emprendió viaje hacia los Estados Unidos el pasado viernes 26 de septiembre.
Su destino final es el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, donde será integrado al poderoso cohete Space Launch System (SLS). Allí permanecerá acoplado a la cápsula Orión, que llevará a los astronautas en esta misión tripulada, para ser liberado en la fase inicial de la operación, antes del acercamiento de la nave a la órbita lunar.
ATENEA compartirá protagonismo con CubeSats de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita, lo que refuerza el carácter global de Artemis II y resalta la importancia de la cooperación internacional en el ámbito espacial. La NASA busca no solo retomar la presencia humana en la Luna, sino también sentar las bases para misiones de mayor alcance que, en un futuro, puedan convertir los viajes a Marte en una realidad recurrente.
El ingeniero Joaquín Brohme, coordinador del proyecto por el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la Universidad Nacional de La Plata, explicó los pasos inmediatos:
“Básicamente, lo que vamos a hacer es desembalar el satélite, mostrar su funcionamiento y conectarlo a la cápsula Orión, que es la que va debajo de los astronautas. Allí permanecerá apagado hasta el momento del desacople, con el cohete ya en órbita”.
La construcción del satélite fue posible gracias al trabajo conjunto de instituciones académicas y científicas de primer nivel: la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de San Martín, la Facultad de Ingeniería de la UBA, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la Comisión Nacional de Energía Atómica, junto a la experiencia de VENG S.A., empresa nacional de servicios y desarrollos aeroespaciales.
El secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, celebró el hito alcanzado: “Que un desarrollo argentino forme parte de una misión de esta magnitud demuestra que el país cuenta con capacidades científicas, tecnológicas y operativas de clase mundial, y un ecosistema espacial en expansión, con empresas e instituciones de vanguardia que crecen año tras año”.
La misión de ATENEA no es menor: servirá para validar tecnologías críticas que serán clave en futuras exploraciones. Entre ellas, se destacan la medición de radiación en órbitas elevadas, la recopilación de datos GPS y la comprobación de sistemas de comunicación de largo alcance.
Aunque se trata de un satélite experimental, su aporte es decisivo. Estos ensayos representan una inversión estratégica para el país, que permitirá sentar las bases de nuevas generaciones de satélites nacionales de bajo costo y alta eficiencia, con capacidad para integrarse en programas internacionales.
El microsatélite fue bautizado como ATENEA, en honor a la diosa griega de la sabiduría y la estrategia. La elección no es casual: resume el espíritu del proyecto, guiado por la planificación, el conocimiento y la cooperación entre diferentes sectores. Además, resalta el valor del trabajo conjunto como pilar de los avances tecnológicos.
La inclusión de ATENEA en Artemis II coloca a Argentina en una posición destacada dentro del mapa espacial internacional. Lejos de ser un hecho aislado, este paso se suma a una serie de desarrollos que muestran la consolidación de un ecosistema científico-tecnológico capaz de competir y colaborar con las potencias más avanzadas del mundo.
La misión Artemis II no solo será recordada por el regreso de astronautas a la Luna tras más de cinco décadas, sino también por el papel protagónico de países como Argentina, que aportan innovación y talento a una de las aventuras más ambiciosas de la humanidad: abrir el camino hacia Marte.