Tras años de dominio de los espacios abiertos, vuelve la necesidad de dividir los ambientes. Opciones para no perder luminosidad y que suman a la decoración.
Las tendencias en la composición de los hogares cambian todo el tiempo. Así, lo que fue tendencia ayer, tal vez ya no lo sea hoy. Esto sucede con la cocina integrada al living. El concepto de espacio abierto se consolidó por años como sinónimo de modernidad. Pero ahora resurge la necesidad de separación, pero buscando no perder luminosidad ni amplitud.
Las cocinas integradas al comedor permiten mayor sociabilidad y sensación de amplitud. Sin embargo, esa misma apertura puede generar problemas de privacidad, olores, ruido y falta de orden visual. Frente a esa contradicción, los diseñadores de interiores recomiendan distintos métodos para delimitarla sin sacrificar luz ni la conexión entre ambientes. A continuación, los cinco más populares.
Las puertas de vidrio con perfilería negra, inspiradas en la estética industrial y en los marcos metálicos de galería, son paneles de vidrio –que puede ser transparente, mate o esmerilado- enmarcados por perfiles de metal negro, habitualmente aluminio o hierro. Pueden ser corredizas o plegabales, marcando una frontera clara entre cocina y salón.
Sus ventajas son múltiples: mantienen la sensación de apertura y entrada de luz natural, evitando el efecto de “cuarto cerrado”, controlan olores y reducen los ruidos, y añaden un elemento decorativo potente, ya que la perfilería negra aporta contraste y sofisticación.
Los muebles divisorios son piezas de doble cara colocadas entre la cocina y el área social. Suelen ser estanterías, aparadores, librerías o módulos hechos a medida. Funcionan como pared baja o media, y suelen incorporar espacio de almacenaje. Son fáciles de adaptar o cambiar con el tiempo, ya que se pueden reubicar o modificar sin grandes obras.
Cumplen una doble funcionalidad: delimitan espacios y ofrecen almacenamiento adicional para vajilla, libros, electrodomésticos pequeños o elementos decorativos. Esto lo convierte en una opción ideal para espacios chicos donde cada centímetro cuenta.
La barra o península -una extensión de la encimera hacia el salón o comedor- actúa como separador funcional más que físico. Suele integrar espacio de trabajo, comedor informal y almacenamiento inferior. También sirve como mesa de desayuno, barra de bebidas, superficie de apoyo para servir y como separación visual. Y posibilita la incorporación de asientos, iluminación focal y tomas eléctricas, aumentando la funcionalidad del espacio.
Los paneles de madera o listones –también conocidos como slats- son revestimientos verticales o biombos de madera que dividen ambientes sin cerrar completamente la vista. Pueden ser láminas continuas, paneles con separaciones o sistemas de listones con huecos. Presentan una amplia variedad de acabados: madera natural, lacada o revestida, lo que permite combinar con distintos tipos de pisos y mobiliarios.
Entre sus ventajas, aportan calidez y textura, suavizando la transición entre cocina y sala. Además, los listones dejan pasar fragmentos de luz y crean sombras que aportan a la decoración y enriquecen el ambiente.
Las cortinas de tejidos ligeros o telas translúcidas pueden colgarse en rieles entre cocina y comedor para crear una división suave y temporal. Se utilizan tanto en viviendas como en locales que buscan soluciones reversibles. Se corren o recogen según la necesidad: cerradas para privacidad y abiertas para amplitud. Absorben parte del ruido y moderan la circulación de olores sin convertirse en barrera total.
Su mayor fuerte es que son económicas y no se necesitan obras para la instalación. Su amplia variedad de texturas, colores y patrones complementan la estética del espacio. También se pueden combinar con otros recursos -muebles o barras- para soluciones mixtas.