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Meterse los dedos en la nariz: un peligro para la salud

Desde tocarse los ojos hasta estornudar en las manos, muchas acciones diarias que parecen inofensivas pueden tener consecuencias graves para nuestra salud.

Mantener una buena higiene es fundamental para conservar un estado de salud óptimo. Sin embargo, existen varios hábitos que, aunque parecen inofensivos o parte de nuestra rutina diaria, pueden tener consecuencias negativas en nuestro bienestar, desde meterse los dedos en la nariz hasta el simple hecho de llevar los zapatos dentro de casa.

Son prácticas que muchas veces no consideramos peligrosas, pero que pueden tener implicaciones graves para nuestra salud.

El peligro de meterse los dedos en la nariz

Una de las conductas más comunes y aparentemente inofensivas es meterse los dedos en la nariz. Aunque es una práctica que muchos tienden a asociar con los niños, no son pocos los adultos que también lo hacen de manera involuntaria o en momentos de distracción. Sin embargo, esta acción puede acarrear varios riesgos para la salud. La piel en el interior de las fosas nasales es muy sensible y está rodeada de vasos sanguíneos. Esto la hace particularmente vulnerable a lesiones.

Según la farmacéutica Debbie Grayson, cuando nos metemos los dedos en la nariz con frecuencia, podemos dañar tanto la piel como los vasos sanguíneos, lo que aumenta el riesgo de sufrir hemorragias nasales. Además, nuestras manos, que entran en contacto con diversos gérmenes a lo largo del día, son una fuente constante de bacterias. Al meternos los dedos en la nariz, estos gérmenes se transfieren directamente a las fosas nasales, lo que puede dar lugar a infecciones bacterianas como la vestibulitis nasal o afecciones más graves como las infecciones en los senos paranasales. Por otro lado, también existe el riesgo de propagar virus y bacterias al tocar otras superficies o incluso los ojos y la boca tras meterse los dedos en la nariz, lo que aumenta las probabilidades de contraer enfermedades respiratorias como resfriados o gripe.

Estornudar en las manos: un foco de contagio

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Estornudar en la mano es peligroso para la salud.

Un gesto tan común como estornudar puede ser una vía de propagación de gérmenes si no se realiza correctamente. Muchas personas tienden a estornudar directamente sobre sus manos, lo que puede no ser suficiente para atrapar todas las pequeñas gotas de saliva que se expulsan al estornudar. Estos virus y bacterias, que son microscópicos, se trasladan directamente a las manos, las cuales entran en contacto con superficies comunes como pomos de puertas, teclados y teléfonos. Esto favorece la propagación de enfermedades, no solo entre quienes estornudaron, sino también entre las personas con las que entran en contacto.

Grayson advierte que estornudar en las manos es una práctica insalubre que facilita la transmisión de virus como los que causan resfriados, gripes e incluso enfermedades más graves como la covid-19. Para evitar este riesgo, la recomendación es estornudar en el pliegue del codo o usar un pañuelo desechable para contener las gotas de saliva y evitar la propagación de los gérmenes.

El calzado fuera de casa: una mala costumbre

En varias culturas, como las del norte de Europa y Asia, es común quitarse los zapatos antes de entrar en casa, una práctica que promueve la limpieza y ayuda a evitar la propagación de bacterias y gérmenes en los hogares. En cambio, en muchos países, como España o Argentina, es común llevar los zapatos de la calle dentro de las viviendas. Esta costumbre, aunque parece inofensiva, puede traer consigo una serie de riesgos.

Los zapatos recogen una gran cantidad de bacterias y sustancias nocivas de las superficies por las que transitamos. Esto incluye desde restos de alimentos hasta bacterias como la E. coli, que puede causar infecciones intestinales graves. También pueden transportar parásitos, pesticidas e incluso gérmenes provenientes de los baños públicos. Las bacterias Clostridium difficile, por ejemplo, pueden encontrarse en los suelos de los baños y causar diarrea severa. Al entrar a casa con los zapatos puestos, estas sustancias se transfieren a las superficies del hogar, aumentando el riesgo de enfermedades.

Para evitar estos problemas, lo ideal es adoptar la costumbre de quitarse los zapatos al ingresar al hogar. De esta forma, se previene la contaminación de las superficies con bacterias y otros patógenos.

La higiene de las superficies en casa

Otro hábito que puede pasar desapercibido es el de colocar bolsas de la compra o bolsos en superficies como mesas o encimeras. Las bolsas de supermercado, al igual que los bolsos y mochilas, entran en contacto con una variedad de superficies exteriores, como estantes, carros de compras y otras áreas públicas. Esto las convierte en un vehículo de transmisión de gérmenes y bacterias, que se transfieren directamente a las superficies en las que las colocamos.

Este simple gesto puede poner en riesgo nuestra salud si no limpiamos adecuadamente las superficies después de haber colocado en ellas estas bolsas. En particular, las superficies donde preparamos la comida deben mantenerse libres de contaminantes para evitar el riesgo de intoxicaciones alimentarias. Es fundamental que, al llegar a casa, limpiemos las superficies antes de usar las mesas o encimeras para cocinar o comer.

El cuidado de los oídos y los ojos

El uso excesivo de los dedos para limpiarse los oídos o los hisopos de algodón también representa un riesgo para la salud. La cera en los oídos tiene una función protectora, pero cuando intentamos extraerla manualmente con objetos inapropiados, como los dedos, podemos dañar las delicadas estructuras internas del oído. Esto puede resultar en lesiones en el tímpano, que es una membrana extremadamente fina y vulnerable. Además, el mal uso de los hisopos puede empujar la cera más adentro del oído, bloqueándolo e incluso favoreciendo el desarrollo de infecciones.

Lo mismo ocurre con las pestañas. Al arrancarlas de forma repetida o tocarlas con las manos sucias, podemos debilitar la raíz del vello, lo que puede llevar a su caída prematura. También aumentamos el riesgo de infecciones oculares, como la conjuntivitis, o de desarrollar orzuelos, que son protuberancias dolorosas causadas por glándulas infectadas.

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