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La patología se caracteriza por la excesiva presencia de bacterias en el intestino delgado, generando diversos problemas de salud.
Una patología que afecta la salud intestinal está siendo cada vez más diagnosticada en Argentina. Se trata del sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, conocido por sus siglas en inglés como SIBO, una condición en la que una cantidad excesiva de bacterias, normalmente presentes en el colon, proliferan en el intestino delgado.
Si bien la presencia de bacterias en esta parte del sistema digestivo es natural en cantidades controladas, su aumento desmedido es motivo de diversos problemas de salud. Su exceso produce toxinas, altera la digestión y provoca síntomas como hinchazón, náuseas, diarrea, pérdida de apetito y hasta mal absorción de vitaminas.
Aunque en oportunidades se lo relaciona con algo pasajero o con molestias comunes, el SIBO puede derivar en malnutrición, pérdida de peso e incluso afectar al sistema nervioso si no se trata a tiempo. Los síntomas suelen confundirse con otras patologías digestivas, como el síndrome de intestino irritable (SII), por lo que un diagnóstico preciso es fundamental para el tratamiento adecuado.
Esta patología se caracteriza por una proliferación excesiva de bacterias en el intestino delgado, específicamente en el yeyuno y el íleon. La condición puede ser resultado de diferentes factores, como alteraciones en la motilidad intestinal, cirugías previas, enfermedades del aparato digestivo, uso prolongado de ciertos medicamentos o circunstancias que comprometen el sistema inmunológico.
Los principales síntomas asociados con el SIBO incluyen:
El SIBO provoca síntomas como hinchazón, náuseas, diarrea y pérdida de apetito.
La detección de esta condición requiere una evaluación médica especializada y la realización de pruebas específicas. Los métodos más utilizados son:
Si no se trata adecuadamente, el SIBO puede generar complicaciones serias como:
Si una persona sospecha que podría tener SIBO, lo más recomendable es no subestimar los síntomas digestivos persistentes y consultar a un gastroenterólogo. El profesional evaluará el historial clínico, realizará las pruebas correspondientes y establecerá un diagnóstico preciso.
El tratamiento de esta patología generalmente incluye el uso de antibióticos específicos, cambios en la dieta y, en algunos casos, probióticos para restaurar la microbiota saludable. Además, es importante abordar las causas subyacentes que puedan estar favoreciendo la proliferación bacteriana excesiva para prevenir recurrencias.