{# #} {# #}

ver más

Colonia Rural Nueva Esperanza: el drama de vivir sin agua potable en la meseta

Mientras esperan por la prometida obra de agua potable, los vecinos explican cómo se las ingenian en el día a día para proveerse de este recurso vital.

Cuando volvió el agua, empezaron a regar. En pleno verano, y mientras el sol agrietaba con violencia la tierra blanquecina de la meseta, las mangueras que transportan el agua de riego a las parcelas de Colonia Rural Nueva Esperanza se quedaron secas. Las plantas no resistieron el embate de este verano cruento, y recién reverdecen ahora, cuando el líquido vuelve a fluir para nutrirlas otra vez. El riego es un problema, pero el agua potable es otra historia: los vecinos todavía se las ingenian como pueden, mientras aguardan por la prometida conexión a la red.

Con el paso de los años, la geografía de la meseta cambió. Ya no se ven esas casas diseminadas por la barda, que parecían diminutas en medio de unas parcelas enormes, sólo pobladas por cerdos, gallinas y pavos. Ahora es distinto. A partir de la falta de soluciones habitacionales, los pobladores de Nueva Esperanza usaron sus terrenos grandes para construir casas para su descendencia, hasta formar verdaderos barrios familiares con cinco o seis casas.

La densidad poblacional parece incrementar la urgencia por un servicio esencial para vivir. Juan Castillo vive en la zona hace 38 años, y dice que siempre se las tuvieron que ingeniar con el agua para riego y la visita de los camiones cisterna, a quienes llaman "los aguateros".

"Yo le dejo la tranquera abierta y directamente pasa y me carga el tanque de arriba", dice y señala el tanque de plástico denso que corona su casa blanca de material. En su parcela vive también su mamá, y con el tiempo se mudaron otros hermanos y sobrinos. En la casa de al lado, una prolija vivienda de ladrillo a la vista, el agua para riego se la dejan en un tanque jaula, un elemento que parece exótico en el centro de Neuquén pero que llegó a convertirse en una postal cotidiana de la meseta.

Agua potable Nueva Esperanza.jpg

Los tanques parecen bidones enormes, con 1500 litros de capacidad, y tienen un tapón a rosca de color amarillo o rojo que resalta sobre el plástico blanco. Están cubiertos por una malla metálica que los hace ver enjaulados, y tienen una toma en la parte inferior para conectar una manguera y usar el agua para riego. Al frente de cada casa hay uno, pero muchos ya están percudidos por el tiempo.

Jessica Vega dice que ella no les tiene confianza. "Viene con óxido o con arena, no podemos darle ese agua a los chicos", explica. Ella no tiene auto ni fondos para pagar los 400 pesos que le dura un bidón de 20 litros de agua mesa. Así que se las ingenia para que alguien la lleve, y se carga dos bidones viejos en las espaldas para traer agua limpia de los barrios de abajo. Cada dos o tres días, llena los botellones de la canilla de una hermana, en Cuenca XV. El resto sólo es cuestión de hacerlos durar.

Vive con su mamá en un barrio familiar, la forma que tienen para llamar a esos extensos terrenos de la colonia rural que estaban pensados para la cría de animales, pero que se convirtieron en loteos improvisados para más de un núcleo familiar. Sus padres fueron los primeros en ocupar esa parcela, e hicieron un local al frente para hacerse unos pesos extra. En siete años, se fueron mudando casi todos sus hijos.

Agua Potable N esperanza2.jpg

"Cuando vivía mi marido, él iba con una camioneta y abastecía a todas las casas de la familia con bidones", recuerda Graciela Muñoz, la mamá de Jessica, mientras un atisbo de tristeza logra nublarle la cara bajo un cielo pleno de sol. "Él también puso las bombas para que el agua de riego suba y que la podamos usar para la limpieza y los lavarropas", detalla.

Pero la pandemia de coronavirus se lo arrebató demasiado pronto y ella, ahora viuda, se las ingenia para comprar agua de mesa para el consumo en su casa, que comparte con una de sus hijas y un nieto. "El bidón subió ahora a 400 pesos, pero ya no los fían como antes, tenés que tener la plata en el momento o no te dejan ninguno", se lamentó.

Mientras conversa, abre la tapa de su tanque de plástico gris y señala el agua de adentro. Sobre el líquido transparente flotan partículas que empañan la pureza del recurso. "Nos cuidamos de no darle esos a los chicos; alguna vez han tomado y más que una diarrea no han tenido", explica.

Ante esa realidad, la promesa de campaña del intendente Mariano Gaido llega como un bálsamo para una necesidad apremiante. Y aunque ellos mismos vieron a las máquinas tender los caños por las calles de tierra, y también son testigos de sus flamantes nichos con medidor, todavía desconfían sobre la fecha precisa en que van a abrir una canilla y contar con ese valioso recurso para llenar un vaso.

"Hace un año pusieron los caños, pero todavía no sabemos nada. Cuando vienen los políticos yo les digo que acá todavía no conectaron nada", se queja Juan, que tuvo que elegir entre sus animales o sus plantas cuando el agua de riego se cortó. "Yo tengo dos chanchos, y tengo pavos y gallinas que necesitan agua, así que tuve que sacrificar los arbolitos", dice mientras los mira con ternura. "Ahora volvió el agua y se están poniendo buenos", concluye.

SFP Agua potabla en Colonia Nueva Esperanza (7).JPG

"A mí no me molesta tener que pagar el agua con el medidor porque nos va a llegar agua mejor", afirma. En la Colonia tienen la ventaja de que todavía pueden usar el agua de riego sin medidor, e incluso usarla para la cría de animales, como estaba pensada originalmente.

Jessica explica que el agua para riego llega con tanta tierra que logra tapar las mangueras. "Por eso se corta", dice. Su mamá Graciela agrega que otras de sus hijas se las ingeniaron para hacer un filtro casero y así llenar una pileta pelopincho. "Pero muy limpia tampoco sale", afirma.

Noe y Matías celebran la llegada del agua para riego a pleno trabajo. Ya movieron la tierra frente a su casilla de madera para plantar césped. Ella dice que se le dan bien las plantas, y lo demuestra con unos tachos de lavandina de los que brotan todo tipo de tallos. "Esta no es época de siembra, pero yo planté por las dudas y crecieron todos, de porfiados nomás", dice y tensa los músculos faciales en una sonrisa perfecta.

La pareja construyó su casa en el terreno de los papás de Noe. Allí también viven otros hermanos y hay un merendero, ahora cerrado por la pandemia. Y también tienen los tanques jaula. "Son de 1500 litros pero el camión nunca te deja más de mil, la usamos para la casa, pero para tomar compramos", relata.

Desde su patio, Juan señala al camión de los aguateros. "Ahí viene cargadito", explica. Los vecinos de la meseta lo esperan con tantas ansias que ya aprendieron a adivinar cuándo llega con agua y cuándo se va vacío. Así, ya pueden saber si les toca un relleno de su tanque o si sólo van a verlo pasar. "Pasa todos los días, excepto los domingos, pero hay días en que no trabajan, y nos quedamos sin agua", se lamenta.

SFP Agua potabla en Colonia Nueva Esperanza (2).JPG

Aunque por muchos años pareció estar sumido en el olvido, Nueva Esperanza dejó de ser un caserío disperso para convertirse en un barrio denso y pululante. Los ladrillos huecos arrumbados en cada esquina son una muestra de ello. Y sus pobladores miran el crecimiento de otros loteos con servicios con un dejo de resentimiento. "Hay barrios nuevos que ya tienen agua, ya tienen cloacas, nosotros estamos acá hace 40 años", se lamenta Juan.

Desde el EPAS informaron que la obra comenzó en diciembre de 2020 y al último 28 de febrero ya llevaba un 88% de avance. "Sólo falta ejecutar la instalación eléctrica que alimente la Estación de Bombeo y la colocación de algunos medidores", señalaron y agregaron "Con esta obra se consigue dotar al 100% de la población de barrios regularizados de la ciudad de Neuquén".

En total, serán 2800 las familias beneficiadas. Y aunque la infraestructura ya parece estar lista, los vecinos esperan la conexión con la urgencia de una garganta sedienta. Mientras tanto, se las apañan con una estrategia mixta, que combina los bidones de mesa, los filtros caseros y las esperadas visitas de los camiones aguateros.

Te puede interesar