{# #} {# #}
La llegada del invierno puede traer un combo perjudicial para muchos. Las bajas temperaturas desmotivan a los que solían aprovechar las salidas recreativas para hacer ejercicio y el frío hace que muchos opten por consumir platos más calóricos, que incluyen guisos o estofados. También crece el deseo por comer alimentos dulces, como tortas y chocolates. Esta combinación se puede traducir en un aumento de peso, por lo que los especialistas aconsejan vigilar la alimentación y sostener el ritmo de ejercicio.
El nutricionista Samuel García, referente de los puntos saludables de la provincia, explicó que hay una causa biológica detrás de este aumento del deseo por consumir más calorías en invierno, y que se debe a un retraso genético. “Nuestro cuerpo demanda más azúcar y almidón en invierno, pero en realidad no los necesitamos, el hombre evolucionó siendo un depredador y, al igual que el resto de animales cazadores, tiene niveles altos de azúcar en sangre. Niveles que, además, tenían que ser más altos en invierno, cuando el gasto calórico era mayor debido al frío. El homo sapiens se acostumbró a esta situación y por eso en invierno el cuerpo pide un mayor aporte de azúcar y alimentos ricos en almidón (carbohidratos), aporte que nuestras hormonas siguen demandando hoy en día, pese a que sea innecesario.”, señaló.
A su vez, señaló que con las bajas temperaturas también disminuyen los niveles de serotonina que produce el organismo. “La serotonina influye en nuestro ánimo, nos sentimos mejor cuando sus niveles son altos, por eso buscamos que aumente la secreción, algo que no sólo consigue la luz del sol, sino también se logra cuando aumenta la insulina. Por esta razón nos dan ganas de consumir dulces y carbohidratos, generándose un círculo vicioso, cuanta más insulina producimos, más azúcar y alimentos ricos en almidón queremos consumir”, afirmó.
A eso se suma un incremento en la secreción de melatonina, una hormona que se ajusta con los ciclos solares y que, al contrario de la serotonina, se incrementa cuando se reduce la exposición a la luz del sol. “El aumento de la melatonina fomenta el sedentarismo, nos induce cansancio y nos saca las ganas de hacer cualquier tipo de actividad física. Por lo tanto, aunque nos cueste más, si no queremos ganar peso en invierno tenemos que obligarnos a ser más activos”, dijo el especialista.
Así se genera esta combinación propia del invierno: más deseo de comer dulce y alimentos calóricos, sumado a la baja motivación para hacer ejercicio. Sin embargo, García aconsejó sobreponerse a esa tendencia natural para evitar que el invierno se traduzca en un aumento de peso no deseado.
Listó una serie de consejos para mantener una vida saludable incluso en los meses más fríos: