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El organismo dice que se trata de un dato “asombroso”, puesto que la brecha digital es cada vez más grande e internet viene a subrayar desigualdades en la pandemia como el acceso a la educación virtual, al teletrabajo, la cultura, los entretenimientos y el comercio electrónico, entre otros.
En Argentina, no obstante, también hay datos que asombran: el 32% de los hogares carece de conectividad y los que tienen
la suerte de acceder a internet pagan abonos altísimos comparados con los países centrales, a causa de la concentración de los grandes proveedores y la escasa inversión.
El ritmo de expansión de la conectividad en el país camina, aunque a paso de tortuga. Según la Cámara Argentina de Internet, se demoraría 12 años en darles cobertura a los millones de personas que están excluidos de la conectividad.
El presidente Alberto Fernández decretó recientemente a internet como un servicio esencial, pero el lobby empresario tumbó la iniciativa en la Justicia, pese a lo cual el Enacom apeló y llevó al asunto a la Corte.
El negocio de internet es grande. Y parece más rentable con más argentinos fuera de la conectividad que con pocos abonados pagando más caro el servicio.
El coronavirus empujó inexorablemente a hacer grandes cambios en la economía y a resignar posiciones, especialmente entre los más desfavorecidos.
Pero en sectores como el de los alimentos e internet, es como si la crisis ha exacerbado su insensatez.