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Los celulares entraron en nuestra vida con tanta vehemencia que parecería que es imposible vivir sin ellos. De hecho, ya son indispensables en muchos trabajos y crucial para nuestra vida social. Sin embargo, cada vez son más las personas que quieren ponerle un freno y tratan de reducir la cantidad de tiempo que pasan con los dispositivos.
La experta en adicciones y profesora de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Standford, de Estados Unidos, Anna Lembke, encontró un enfoque muy eficaz en su práctica clínica para reducir la dependencia del aparato y es evitar por completo el uso de todas las pantallas, no solo de los teléfonos, entre un día y un mes. Esta estrategia evidenció su efectividad con otros tipos de adicciones, como el alcoholismo.
El tiempo de este tipo de ayuno dependerá del nivel de consumo. Así, una persona normal podría empezar con una privación de 24 horas, por ejemplo, mientras que alguien con un caso más grave de empleo excesivo de pantallas podría querer evitarlas durante más tiempo. Por supuesto, a veces no se puede eludir por completo el uso, ya sea por motivos laborales o personales, pero el objetivo es acercarse lo más posible a rehusarse totalmente.
Un enfoque eficaz es proponerse un ayuno y evitar por completo el uso de las pantallas, más allá del celular, entre un día y un mes.
Lembke advirtió que muchas personas, incluso las que hacen un uso no tan excesivo de las pantallas, pueden notar al inicio síntomas de abstinencia como irritabilidad o insomnio pero con el tiempo, empezarán a sentirse mejor. Según comentó la profesional, al terminar el tratamiento, la mayoría de sus pacientes suelen “decir que tienen menos ansiedad, menos depresión, que duermen mejor, que tienen más energía, que hacen más cosas, y que pueden mirar atrás y ver de forma más clara cómo el uso de la pantalla estaba afectando a sus vidas”. Después de abstenerte de las pantallas durante un tiempo, recomienda reflexionar sobre cómo quieres que sea tu relación con los dispositivos en el futuro.
Otra forma menos estricta de distanciarse del teléfono es asignar momentos o días de la semana en los que no se utilice en absoluto. También, puede significar dejar el celular en la otra habitación, mantenerlo fuera del dormitorio o poner el teléfono de todos en una caja fuera de la cocina durante la cena. Sabemos por décadas de psicología que las cosas más cercanas a nosotros en el espacio físico son las que más nos afectan psicológicamente. Si no puede alcanzarlo físicamente, lo usarás menos”, explicó Adam Alter, profesor de Psicología de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York.
Otra método es hacer menos atractivo el dispositivo: desactivar las notificaciones, cambiar la pantalla a escala de grises, eliminar las aplicaciones que cuesta evitar y reorganizar periódicamente las apps para que sean más difíciles de encontrar.
¿Es una adicción el uso excesivo de los dispositivos?
El uso excesivo de los celulares y dispositivos móviles generan el debate dentro del mundo científico si debe ser considerado una adicción. Por ahora, no está reconocido oficialmente en esta categoría en el manual de trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.
Mientras el psicólogo estadounidense Adam Alter sostiene que no es una verdadera adicción médica y opina que “es más un malestar cultural que otra cosa”, su par Anna Lembke aseguró que sí lo es. En este sentido, la profesora de la Universidad de Standford argumentó que una adicción se define si el uso de una sustancia o la realización de un comportamiento se considere fuera de control, si el afectado está intensamente preocupado mentalmente y consume de manera automática, y si sigue consumiendo a pesar de las consecuencias negativas sociales, físicas y mentales.