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La casa y la huerta de Alicia y Eduardo parecen antónimos. De un lado, paredones altos de ladrillo, rejas en todas las aberturas, persianas bajas y puertas cerradas bajo llave a toda hora del día. Del otro lado de la medianera, la cosecha de decenas de verduras en uno de los baldíos más cotizados de la ciudad por su ubicación geográfica: está a metros de la Avenida Argentina, en el centro de la ciudad.
“La usamos solo para consumo y solo a veces la repartimos con nuestros hijos”, aseguró a LMNeuquén Alicia de 79 años, la responsable de esta huerta que hace más de diez años se esconde detrás de carteles publicitarios sobre la calle Sargento Cabral.
La propiedad tiene dos terrenos. Uno, el edificado, en donde residen hace unos quince años. El otro, el baldío, en donde crecen las verduras de este matrimonio que lleva más de 50 años de casados.
A pesar de estar rodeada de cemento y de edificios, la producción de verduras y vegetales es “muy buena”. En la mejor temporada, entre primavera y verano, no requieren ir a la verdulería. “Acá sacamos choclo, zapallito, habas, acelga, tomates cherry, tomates comunes, frutilla, albahaca, papas y morrones. Bien variado y todo sacado de acá”, aseguró Alicia, tras mostrar los últimos dos tomates listos para consumir que le quedan de la temporada.
“Ahí en la planta, hay unos cincos más. Pero están inmaduros y no creo que pasen la próxima helada”, agregó, quien es la responsable de regar y cuidar su huerta que tiene como hobby. “Si no tengo esto me aburro, ¿qué hago todo el día sino?”, reflexionó.
Con su marido, de 87 años, trabajaron durante varias décadas en una chacra de más de 10 hectáreas en Senillosa. Cuando “eran jóvenes”, vivían de lunes a viernes en el campo, y sábado y domingo en la capital. “El campo es un trabajo muy duro, en el que te debés levantar temprano, producir y hacer. Es un trabajo pesado, llegó un momento que dejamos de hacerlo nosotros”, aseguró Eduardo.
Pero, tanto su hijo como la propia Alicia, contaron que Eduardo no para a pesar de los años. “Recién llegó del campo de Senillosa, se había colgado de un palo a siete metros de altura para hacer un empalme de electricidad”, contó su esposa. Eduardo no se quedó atrás y le respondió: “Es que si no hago eso, me aburro. Lo voy a hacer hasta que el cuerpo me dé”.
Más allá de las chicanas entre este matrimonio, ambos encuentran en la naturaleza una motivación. Unas ganas de “hacer algo”, luego de “tantos años de trabajo”.
“Las obligaciones siempre están primero. Limpio y ordeno toda la casa, después vengo acá y me encargo de mis plantas, pero siempre tengo que venir acompañada”, describió y deslizó el temor que tiene por la inseguridad que padece.
“Durante la pandemia, cuando comenzaron las flexibilizaciones, fuimos al campo y cuando llegamos, nos habían robado todo. Desde el inodoro, hasta la ropa de cama. Nos la desvalijaron”, relataron. Además, se llevaron los 600 metros de cable que conectan el domicilio con la red de electricidad.
“Por la pandemia pasó mucho eso. Es decir, al no poder controlar, muchas chacras fueron saqueadas y fue un problema”, agregó Eduardo. Por este hecho, compraron un container y lo colocaron en el terreno de la huerta con el objetivo de guardar ahí todas las pequeñas herramientas que tenían en un campo cercano. Pero la inseguridad continuó. “Nos fuimos de viaje y al otro día se metieron en el terreno, abrieron el container y también lo vaciaron. Acá nos tienen siempre vigilados”, agregó Alicia con cierto temor, y dijo: “Pero, claro, no se llevaron ningún zapallo ni nada de la huerta”.
A partir de estos robos, ambos coincidieron en preservar la dirección exacta de la huerta. “No queremos que nos roben la producción”, dijo Alicia, quien mostró la decena de llaves que tiene su manojo con el que se mueve “para todos lados” para evitar cualquier intento de saqueo.
“Yo cuando salgo de casa, tengo que entrar por la calle a la huerta y cierro todo. Porque acá en cualquier descuido se te meten”, describió y expuso: “Lo que le tengo miedo es a la paliza. Estos vienen y te lastiman. Vienen y te piden, te piden más. Y no tenemos, somos dos jubilados. Y por las dudas te pegan. Es una locura, a eso si le tengo terror. Después, si quieren roban que se lo lleven”.
Durante esta semana, hicieron la cosecha de esta producción y esperan acomodar el terreno para cuando pase el invierno y poder continuar con la siembra. “Este miércoles, coseché bastante acelga y ricota, e hice ravioles caseros. Y me sobraron muchos y los frisé”, relató.
En medio del caos diario de la capital neuquina, Alicia y Eduardo intentan mantener su rutina vinculada a la naturaleza. Cada uno en su lugar. Ella, en la huerta y él, en la chacra. A su forma, se mantienen vitales y están unas semanas de cumplir los 60 años de casados. "Toda una vida aguantándonos", dijeron a dúo, este matrimonio que piensan seguir "hasta siempre".