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Al mismo tiempo, la variante Ómicron, que había sido detectada en África a finales de noviembre y que provocó grandes oleadas alrededor del mundo, ofició como un método efectivo para generar inmunidad a niveles mayores. Sin embargo, y pese a que los sistemas sanitarios ya cuentan con la capacidad de hacerle frente a los casos masivos, con énfasis en la atención primaria, las nuevas subvariantes amenazan con restaurar algunas de las restricciones a las que la humanidad se acostumbró durante los últimos dos años.
Los sublinajes, que pertenecen a la variabke que fue descubierta en Botswana a fines de 2021, tienen características que podrían provocar potenciales peligros: BA2, que generó un aumento de contagios en los meses previos al invierno en Argentina y gran parte de Latinoamérica, como también BA4 y BA5 -que son relativamente novedosos-, son especialmente transmisibles y poseen un escape inmunitario importante.
Si bien no parecen provocar una enfermedad más severa, las infecciones aumentan y consigo, lo hacen las hospitalizaciones, aunque en menor medida que durante oleadas anteriores. Por ello, las autoridades de algunas naciones siguieron en alerta y todavía sostienen una serie de recomendaciones que tienen foco en la población mayor de 60 y en aquellos que todavía no se han aplicado una dosis de refuerzo.
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estadounidense remarcó que los ciudadanos norteamericanos deberían seguir utilizando el tapabocas en lugares cerrados y mal ventilados, tal y como en los transportes públicos. El uso de barbijos, de todos modos, quedó supeditado al porcentaje de infecciones que se registren en cada distrito, por separado.
Mientras tanto, el Viejo Continente avanzó con advertencias dispares: los altos mandos franceses exigieron que se sostenga en colectivos, trenes y subtes; y en Gran Bretaña, el teatro Broadway aseguró que ya no mantendrá la obligatoriedad dentro del establecimiento .