{# #} {# #}

ver más

De a poco toma forma un barrio al lado del basural

Un puñado de crianceros y cirujas vive a metros del predio de Cliba.

Ana Laura Calducci

calduccia@lmneuquen.com.ar

Neuquén. Hay 10 familias neuquinas que viven a pocos metros del basural de Cliba, el enorme predio en la meseta donde van a parar los desechos de toda la ciudad.

Por la proximidad con las pilas de residuos, estos vecinos deben soportar el mal olor, las bolsas de nylon que trae el viento y el humo de los que prenden fuego del otro lado del alambrado.

Sin embargo, pocos se quejan, porque el cirujeo es la principal fuente de ingresos.

El basural de Cliba está un kilómetro más arriba de la Autovía Norte, al noroeste del barrio Colonia Nueva Esperanza.

Crianceros

Por mucho tiempo, eso fue una zona exclusivamente rural, donde los desperdicios sirven para la cría de animales. Pero, en los últimos años, las viviendas se están multiplicando. La mayoría son hijos de antiguos pobladores, que subdividen los lotes.

En el límite norte del barrio, sobre la calle Yerba Mate, entre Avena y El Arroz, viven ahora unas 10 familias.

Frente a sus casas, a menos de 100 metros, tienen el alambrado de Cliba y pueden observar cómo los camiones descargan los desechos. Los días de fuerte viento, les llega el olor de esa marea nauseabunda. Ellos apenas lo notan; ya están acostumbrados.

De lo que más se quejan es del humo de quienes queman desperdicios para calefaccionarse o simplemente por gusto. También les molestan las bolsas hechas jirones que tienen que quitar a diario de sus patios.

“Mi vieja vino hace como 25 años y yo hace 15. Me quiero quedar porque todo lo que hicimos acá no lo tenemos en otro lado. Creo que el basural está más cerca ahora”, afirmó Esteban, su familia es una de las más antiguas viviendo en el basural.

Sin remedio

“Ahora cercaron todo para que no vuele el nylon, pero igual se llena de bolsas”, comentó Alejandro Ormenio, de 25 años, que vive en la casa que le dejó su papá.

Contó que el mayor problema con el basural tan cerca “es cuando queman, que pasa casi todos los fines de semana”. Pese a eso, aclaró que no piensa irse. En el patio, con mucho esfuerzo, su familia logró que crezcan dos enormes árboles, que les dan sombra y tapan la vista del vertedero.

Unos metros más allá vive Esteban Mora, de 50 años, junto a la casa de su mamá. Mora indicó que se cansa “de limpiar las bolsas que se vienen con el viento”, aunque tampoco quiere mudarse.

Prefiere que un día se lleven el basural a otro lado. “Dicen por comentarios que en un tiempo se iría cerca de Los Barreales, porque esto se está llenando de gente”, señaló con cierto entusiasmo.

“El problema es cuando prenden fuego, por el humo, y también el olor de la basura. En enero cumpliremos un año viviendo acá con toda la familia”, afirmó Valeria, vecina del basural de la meseta de Neuquén

Fuente de trabajo

En el otro extremo de la cuadra está la casa de Ramón Escalante, que comparte el lote con dos hijos. Para él, sacar el basural dejaría a la mayoría “sin trabajo”. Afirmó que con el cirujeo gana más de 600 pesos al día y que lo que más plata deja es el cobre, que se cotiza a 65 pesos el kilo.

“Aunque es cierto que vivís con la mugre, es más rentable que un patrón; mi hijo se hizo la casa con el shopping, que le decimos así porque en el basural encontrás de todo”, comentó Escalante.

Contó que antes viajaba de lejos para cirujear “y por eso ahora que vivo acá le presto para bañarse a gente que tiene que pasar varios días adentro”.

Escalante agregó que el vertedero funciona como “una fuente laboral y por eso pienso que, aunque se urbanice, el basural se queda”, y con él sus vecinos que no parecen dispuestos a resignarse a abandonar fácilmente el lugar.

El aire de la meseta se torna irrespirable cuando las quemas son intensas y prolongadas. Y el viento suele hacer las cosas todavía más difíciles.

Paradoja: no tienen servicio de recolección

Aunque tienen el basural frente a sus casas, los vecinos de la calle Yerba Mate no cuentan con servicio de recolección de residuos como tiene cualquier otro residente que vive en la capital neuquina.

Los vecinos de este lugar ven pasar los camiones a diario y la única manera que tienen de deshacerse de los desechos es ir ellos mismos caminando a tirarlos del otro lado del alambrado.

Valeria, una de las vecinas más jóvenes del sector, indicó que quienes no pueden hacerse cargo por sí mismos del acarreo de la basura solucionan el inconveniente prendiendo fuego todo dentro de un tacho, aunque eso implique un foco de contaminación.

“Si no también están los que la tiran ahí nomás, pero nos terminan perjudicando a todos”, explicó.

Valeria expresó: “Hicimos la casa y sabíamos que el basural estaba ahí pero no podíamos hacer nada. Creo que sería bueno reubicar a las familias de acá”.

De momento, de eso nadie se está ocupando.

Te puede interesar