Si yo subo a un ascensor en el que hay otras personas y no marco el piso al que deseo ir, ¿qué ocurrirá? El ascensor irá al piso que ya está marcado y después seguirá al siguiente marcado, subiendo, bajando y deteniéndose en cada piso que marquen las nuevas personas que suban al ascensor.
Si yo no marco “mi piso”, seré llevado hacia arriba y hacia abajo, adonde yo no decidí dirigirme.
Esta ilustración es para recordar que en la vida necesitamos estar bien plantados: seguros de lo que queremos y de hacia dónde vamos. Dicha actitud se conoce como asertividad. Alguien asertivo no pierde tiempo mirando lo que hacen los demás, sino que se ocupa de romper su propio techo y de superarse a sí mismo.
Aquel que compite con otros, en el fondo, está en busca de aprobación. En cambio, aquel que compite sólo consigo mismo va detrás de la grandeza. Nunca busques ser el mejor, sino superarte a vos mismo cada día un poco más y, con cada año que pasa, sacar de tu interior una faceta que todavía no conocés.
Comparto dos ideas prácticas para convertirnos en personas asertivas:
-Aprender a decir que no sin enojo, en paz
Es fundamental ser capaz de decir que no sin emocionalidad. Es decir, en un tono normal. ¿Por qué? Porque cuando lo hacemos enojados, estamos invitando al otro a reaccionar mal y podemos terminar peleando. A muchos les cuesta decir que no por temor al rechazo pero la verdad es que, cuando decimos que sí y en realidad queremos decir que no, eso sólo genera tensión, ira y resentimiento que con el tiempo se va acumulando.
-Aprender a declarar: “Esto es lo que quiero lograr”
Hay quienes dicen: “Gracias por brindarme esta oportunidad”. Pero las oportunidades no se regalan, ¡se ganan! Alguien asertivo no espera que le den nada, sino que se mueve y va en busca de lo que quiere. Todos podemos aprender a ganarnos nuestros espacios y todo aquello que deseamos alcanzar. ¿Cómo? Compitiendo con nosotros mismos y esforzándonos por superarnos.
Las personas que tienen dificultades para ser asertivas albergan una serie de creencias que no les sirven sobre poner límites. Pero los límites no son para limitarnos, como muchos piensan, sino para liberarnos.
Para concluir, te dejo una lista de derechos que haríamos bien en conocer y tener muy presente en nuestra vida:
•Tengo derecho a decir que sí a lo que quiero y que no a lo que no quiero.
•Tengo derecho a decidir a quiénes incluyo y a quiénes alejo de mi círculo íntimo.
•Tengo derecho a decidir qué contar y qué callar.
•Tengo derecho a juntarme con quien quiera.
•Tengo derecho a alejarme de la gente que me lastima y no suma a mi vida.
•Tengo derecho a decidir qué escuchar y qué no.
•Tengo derecho a irme de un lugar cuando me siento mal.
•Tengo derecho a pedir que respeten mi límite físico.
•Tengo derecho a equivocarme.
•Tengo derecho a ser yo mismo.
•Tengo derecho a ser feliz.
Fuiste creado con libre albedrío: la capacidad de decidir y elegir qué querés y qué no querés para tu vida. No permitas que nada ni nadie te robe eso.
Si tenés alguna inquietud,
podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com