A diferencia de anteriores oportunidades, el presidente de Boca quiso estar bien cerca de sus jugadores de cara al duelo ante River.
Juan Román Riquelme volvió a decir presente en el estadio Monumental para acompañar a Boca en una nueva edición del Superclásico frente a River, en una decisión que marcó un cambio respecto de su última ausencia en Núñez y que no pasó inadvertida en la previa del partido. El presidente xeneize llegó junto a la delegación y eligió estar cerca del plantel en uno de los compromisos más sensibles del semestre, en un gesto con fuerte carga política, deportiva y simbólica.
La presencia del pope del cuadro azul y oro tomó relevancia porque, más allá de haber asistido a otros clásicos como mandatario, en la visita de abril de 2025 había optado por no estar en la cancha. Esta vez, en cambio, acompañó al equipo en un contexto particular, con el conjunto de la Ribera atravesando una buena racha y con Claudio Úbeda buscando consolidarse en un partido que puede marcar el pulso de la temporada.
No se trató de una presencia protocolar más. Habitualmente, quien acompaña a la delegación en condición de dirigente es Marcelo Delgado, pero en esta ocasión el 10 decidió involucrarse directamente en una jornada de máxima exposición. Su arribo al Monumental también reactivó el recuerdo de su última visita a Núñez, cuando quedó molesto por una polémica arbitral y expresó su disconformidad por una jugada que consideró merecedora de expulsión.
Desde el Millonario se preparó un operativo especial para recibir a la comitiva visitante, en una tarde de alta tensión deportiva y atención puesta también en todo lo que rodea al Superclásico fuera del campo. La figura del Torero, por su historia como futbolista, su rol institucional y su peso dentro del mundo Boca, naturalmente quedó en el centro de la escena desde mucho antes del pitazo inicial.
En la previa, además, el propio presidente había buscado bajar el tono con un mensaje público enfocado en el espectáculo y en el valor global del clásico: "Esperemos que sea una fiesta, que gane el que juegue mejor". Pero su presencia en el Monumental reforzó la dimensión del partido y sumó un componente extra a una jornada cargada de simbolismo. En un duelo donde cada gesto se lee, la decisión de estar también jugó su propio partido.