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El camino de Argentina: cuatro ciudades, 17 goles y una marea que acompaña

La selección de Scaloni jugará este miércoles una nueva semifinal del Mundial 2026 ante Inglaterra. Hasta acá, es la que más goles marcó y tiene una hinchada que sigue sorprendiendo al mundo entero.

Hay un Mundial 2026 que se juega noventa minutos en una cancha. Y hay otro que empieza mucho antes, en las rutas, en los aeropuertos, en los estacionamientos de los estadios y en los banderazos que convierten cualquier ciudad de Estados Unidos en un pedazo de Argentina.

Después de un mes de viaje, la sensación es clara: este equipo no solamente avanza en la Copa del Mundo. Arrastra a miles de personas que acomodan vacaciones, ahorros y kilómetros para acompañarlo donde toque.

Argentina jugó dos veces en Kansas City, dos en Dallas, una en Miami y ahora el camino nos lleva a Atlanta por segunda vez. Cada ciudad tuvo un clima distinto. Kansas sorprendió por la tranquilidad de una ciudad que, durante un par de días, respiró fútbol.

Fotos: Sergio Dovio

Dallas mostró la dimensión de un Mundial gigantesco, con distancias interminables y calor sofocante. Miami fue una locura permanente, con tránsito imposible, playas llenas y un Hard Rock Stadium tomado por camisetas celestes y blancas. Ahora Atlanta espera otra invasión porque los banderazos dejaron de ser una cábala hace tiempo. Son una necesidad.

Son el lugar donde los argentinos descargan la ansiedad acumulada después de semanas de trabajo, de estudio o de vida lejos de casa. Allí aparecen las banderas con la cara de Diego Maradona, los bombos, las camisetas de todas las épocas y hasta las frases del Indio Solari escritas sobre una tela: "Estás para eso, viejo". También está Lionel Messi, claro. Su nombre domina la espalda de la enorme mayoría de las camisetas y funciona como un idioma universal entre personas que quizás nunca se habían visto.

Lo más lindo de esos encuentros es descubrir que el Mundial también sirve como excusa para reencontrarse. Hay hermanos que viven en países distintos y aprovecharon el torneo para abrazarse después de años. Padres que viajaron a visitar hijos que emigraron. Amigos que organizaron una aventura escapándole a la rutina con la promesa de seguir a la Selección hasta donde llegue. Para muchos, el Mundial dura un mes. Para otros, es el recuerdo que los acompañará toda la vida.

Conseguir entradas fue una batalla permanente. En Miami prácticamente fue imposible encontrar tickets a precios razonables. En Kansas hubo mayor disponibilidad, aunque nunca dejaron de ser caras. Si a eso se le suman vuelos internos, alquileres de autos, hoteles y comidas, seguir a Argentina implica un presupuesto que rápidamente se transforma en varios miles de dólares. Sin embargo, ahí están. Partido tras partido. Cada vez que la Selección sale a la cancha, las tribunas vuelven a teñirse de celeste y blanco.

Fotos: Sergio Dovio, exclusivo LMN

No existe, al menos hasta ahora, aquella organización casi perfecta que se había visto en Qatar después de la derrota contra Arabia Saudita. No hay una barra identificable que marque el ritmo durante los noventa minutos. La gente se acomoda como puede, canta cuando nace y empuja desde distintos sectores del estadio. Es una hinchada mucho más espontánea. Menos organizada, pero igual de ruidosa cuando el equipo responde.

Y Argentina viene respondiendo. Es cierto que muchos discuten el funcionamiento. Que el recuerdo de Qatar 2022 aparece inevitablemente en cada comparación. Que por momentos el mediocampo parece lento y la circulación demasiado paciente. Pero justamente esa paciencia terminó convirtiéndose en una virtud. El equipo de Lionel Scaloni aprendió a esperar el momento justo, a mover la pelota sin desesperarse y a desgastar rivales que se encierran atrás. No deslumbra como hace cuatro años, pero encuentra respuestas.

También las encuentra atrás. La dupla formada por Cristian Romero y Lisandro Martínez volvió a sostener al equipo en los momentos más delicados, con Emiliano Martínez transmitiendo seguridad desde el arco. Y adelante aparecen los números que terminan explicando buena parte del recorrido: Argentina es la selección más goleadora del Mundial, con 17 tantos en seis partidos. Ocho llevan la firma de Messi, pero también marcaron defensores, volantes y delanteros. Hay variantes, hay poder ofensivo y hay un equipo que, como repite el Dibu, aprendió a sufrir.

Por eso Argentina está otra vez entre los cuatro mejores del mundo. Y mientras el equipo prepara una nueva semifinal, miles de hinchas vuelven a hacer cuentas, reservar hoteles, cargar combustible y mirar mapas. Porque en este Mundial, la ilusión también se mide en kilómetros. Y, hasta acá, el viaje sigue valiendo la pena.

Fotos: Sergio Dovio

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