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El Mundial de Inglaterra 1966 es considerado por muchos amantes del fútbol como el más polémico de toda la historia. Se trató de un campeonato que tuvo un claro y simple objetivo: darle la Copa del Mundo a la Reina Isabel II. La Selección Argentina conducida por Juan Carlos Lorenzo fue una víctima más de la corrupción que envolvió a aquel certamen, el cual sería ganado por el combinado local, que derrotó en la final a Alemania Federal por 4-2 con un "gol fantasma" de Geoffrey Charles Hurst en el tiempo suplementario.
Para contextualizar la situación, mientras algunos grandes candidatos como Brasil, Uruguay, Argentina, Portugal o Italia disputaban sus partidos con alta frecuencia (tres días), los anfitriones lo hacían cada cinco o seis días para poder descansar mejor, todo por decisión de la asociación inglesa. Por otro lado, antes del inicio de los cuartos de final, se convocaron a los delegados de cada selección para participar del sorteo de los árbitros, pero, "casualmente", cuando todos ellos arribaron al evento, el mismo ya había sido realizado.
La Albiceleste llegó a la ronda de los ochos mejores como segunda del Grupo B, tras vencer 2-1 a España en el debut, igualar en cero ante Alemania Federal (ganadora del grupo) en su segunda presentación e imponerse por 2-0 frente a Suiza en el cierre de la primera fase. Su rival en esta instancia sería el seleccionado británico, que fue primero del Grupo A que compartió con Uruguay, México y Francia.
Argentinos e ingleses se vieron las caras el 23 de julio de 1966 en el Estadio de Wembley. Sin embargo, el único rival del equipo nacional no sería únicamente el combinado de los Tres Leones. Los dirigidos por el Toto Lorenzo chocaron ante ante una organización entera que estaba confabulada y preparada para que el tan ansiado trofeo se quedara en casa. Y ante la mano negra, poco se puede hacer.
A los 36 minutos del primer tiempo, con el partido igualado en cero, Antonio Ubaldo Rattín, capitán de la Albiceleste, fue expulsado por el árbitro alemán Rudolf Kreitlein. El entonces jugador de Boca Juniors consideraba que el réferi estaba inclinando la cancha a favor de Inglaterra e intentó dialogar con el para manifestarle su disconformidad, pero el colegiado decidió castigar su actitud echándolo del campo de juego.
Pese a que algunos memoriosos afirmaban que Rattín tenía la intención de demorar el juego, el volante defensivo asegura que solamente tenía ganas de dialogar con el germano. Sin embargo, la comunicación era imposible ya que el jugador argentino no hablaba alemán ni inglés, mientras que Kreitlein no entendía una sola palabra del castellano. Esto hizo que la situación se "malinterpretara", por lo que el juez determinó su expulsión. "Me miró con mala intención, por eso me di cuenta que me había insultado", el teutón sin ningún tipo de fundamento.
En aquel momento no existían las tarjetas amarillas ni rojas, por lo que el ídolo xeneize no entendía que lo estaban expulsando del partido. Esto hizo que permaneciera durante diez minutos dentro del campo, esperando el ingreso de un traductor que había solicitado, pero que finalmente nunca llegó.
"Después de que me expulsaron, me senté en la alfombra roja que le pusieron a la Reina. Iba a los vestuarios y me empezaron a tirar chocolatines. Cuando estaba por llegar al banderín del córner agarré una bandera inglesa que flameaba en el palito. La retorcí toda y la mostré. Entonces, en vez de chocolatines me tiraron latas de cerveza", contó el Rata sobre la actitud de los 70000 espectadores locales, que mientras tanto entonaban "animals, animals".
Argentina terminaría cayendo por 1-0 con un gol de Geoff Hurst a los 77 minutos y se despediría de la Copa del Mundo de la peor manera. Al día siguiente el Comité Disciplinario de la FIFA fijó duras sanciones para Rattín (suspendido por cuatro partidos internacionales con la selección) y hasta se propuso la exclusión la Selección del Mundial de México 1970 por su “inconducta deportiva”, algo que finalmente no sucedió.
Lo sucedido en el partido entre la Albiceleste e Inglaterra, además de otras llamativas fallas en la comunicación durante el juego, llevaron a la FIFA a buscar resoluciones disciplinarias universales, que pudiesen ser interpretadas por cualquier protagonista, sea cual fuera la nación y sin la necesidad de apelar a idiomas ni a gestos.
Al poco tiempo, Ken Aston, ex réferi ingles y entonces miembro de la comisión de árbitros de la casa madre del fútbol mundial, propuso la implementación de dos tarjetas, una amarilla, que fuera sinónimo de calma y precaución, y otra roja, que implicara directamente la expulsión. Según contó el ideólogo su inspiración nació mientras conducía su automóvil por la calle Kensington High, cuando tuvo que detenerse ante un semáforo.
Cuatro años después, en el Mundial de México 1970, se adoptó por primera vez el uso de las tarjetas y Aston fue nombrado Presidente del Comité de Árbitros de FIFA.
El réferi árbitro en utilizar la tarjeta fue el alemán Kurt Tschenscher en el encuentro inaugural del Campeonato del Mundo, disputado en el estadio Azteca, entre el seleccionado local y Bélgica, que contó con unos 107 mil espectadores. El receptor de ese primer cartón histórico fue el capitán del conjunto norteamericano, Gustavo Peña, a los 30 minutos del primer tiempo.
En aquel Mundial no hubo ningún expulsado, y no precisamente por la indolencia de los árbitros, sino por la buena predisposición de los jugadores hacia el ejercicio del juego limpio.