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Mario Sepúlveda, el Señor de los Ascensos ya es leyenda

El alero que hizo historia en el básquet nacional con cinco ascensos consecutivos a Primera y este año dejó la actividad profesional, tuvo su merecida despedida. Centro Español, su último club, retiró su emblemática casaca número 8 en homenaje a su carrera.

La última función del Señor de los Ascensos fue una síntesis de lo que le dio al básquetbol Mario Sepúlveda y lo que el básquet le brindó a él: amigos, alegría y recuerdos memorables. Un legado que forma ya parte de la historia del deporte provincial y que el sábado por la noche en El Templo de Plottier, la casa de Centro Español, el último club donde Súper Mario le puso punto final a su carrera, selló brindándole su merecido homenaje.

La fecha el 8 de julio y la hora oficial del inicio del homenaje a las ocho de la noche, tienen que ver con ese número emblemático de camiseta que vistió el alero a lo largo de más de tres décadas de la relación con el mundo de la naranja en la que repartió su talento en 18 clubes muchos de ellos de la zona.

El abrazo con su hermano Carlos el popular “Charly” Sepúlveda con quien se dio el gusto de ganar el Campeonato Argentino de Mayores con la casaca verde de la Selección en 2017 y con quien compartió el cierre de su carrera en Centro Español, fue uno de los momentos más emocionantes de la noche.

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La presencia de ex compañeros que llegaron desde diferentes puntos del país para acompañarlo o de quien fuera su ídolo de la infancia, Gabriel Díaz, permitieron revivir viejas épocas. El reencuentro con entrenadores, dirigentes y sus fans, completaron una noche plena.

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A los 45 años Mario le puso este año punto final a su carrera. Había decidido dejar la actividad en 2020, pero aprovechó la pandemia para entrenar y se dio cuenta que todavía quedaba fuego competitivo razón por la cual se permitió llevar la decisión a suplementario.

Por eso se fue preparando para el final y vivió cada partido de la temporada con ese plus de alegría que tantas veces brindó y ahora le pertenecía por completo. Un pedacito de la gran fiesta de despedida que se concretó anoche se lo hicieron sentir en cada escenario de la última liga en los pequeños homenajes que le fueron brindando en los clubes de la región donde dejó su huella. Pero faltaba este último acto para atesorar en el álbum de los recuerdos y llevarlo para siempre en el corazón.

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Para los libros quedará esa seguidilla tremenda de ascenso en TNAtre 2007 y 2011 que lo convirtieron un talismán cuando logró en ese período cinco ascensos consecutivos desde el a la Liga Nacional: El Nacional 2007, Olímpico 2008, Unión de Sunchales 2009, El Nacional 2010 y Quilmes 2011. Y por si fuera poco también consiguió con Hispano Americano el ascenso cuando subió desde el Federal al TNA en 2014.

También quedará en la memoria los dos títulos con la Selección Neuquina en el Argentino de Mayores en dos oportunidades en 1995 y 2017 con una consagración histórica en el Ruca Che. Además jugó en Quimsa de Santiago del Estero, Obras Sanitarias, Ciudad de Bragada, San Jorge y en la región vistió los colores de Pacífico, Independiente de Neuquén, Pérfora, Petrolero Argentino, Deportivo Roca, Del Progreso y Centro Español en la última Liga Federal.

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Desde antes de la hora fijada para el encuentro El Templo se fue llenando de alegría y color. Lejos de la tensión de la competencia, esta vez fueron horas plenas de disfrute para apreciar la última función del ídolo que como siempre deleitó con sus formidables tiros de tres puntos que tantas veces hizo vibrar al Templo en los últimos años. Un sello que repartió en cada camiseta que le tocó vestir.

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Rodeado de su familia (su esposa Natalia, sus hijas Juana y Chara, sus padres) , pilares fundamentales en su carrera, como así también grandes compañeros y los entrenadores que lo fueron guiando en las diferentes etapas el ahora ex jugador fue abrazando a cada uno de sus invitados y simbólicamente extendió el agradecimiento al numeroso público que no dejaba de ovacionarlo.

Cerca de cuarenta jugadores entre los que se encontraban por citar algunos nombres Federico Sureda, Gastón Luchino, Martin Trobellesi, Bruno Gelsi, su hijo, Benicio, Mario Castex, Gregorio Echeverri, Juan Ruiz, Leonardo Ansaloni, David Oviedo, Luciano Saborido Gustavo Maranguello, Marcos y Franco Leal, Mario Spada, Juan Fabi, Paolo Casale, entrenadores como Mauricio Santángelo, Dante Centeno, Daniel Aráoz. También hubo presencia del básquet femenino con Victoria Lara, las hermanas Giovanna y Gianella Frattoni, Guadalupe Soto entre otras referentes que fueron conformando los tres equipos con que se montó el espectáculo vistiendo todos la emblemática casaca número 8 . Ese número mágico que tantas satisfacciones le dio y cuando vio colgada en El Templo -porque fue retirada y ya nadie podrá usar más-, lo hizo temblar de emoción. Aunque lejos de asomar una lágrima la sorpresa le dibujó una sonrisa eterna.

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