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Victoria Jara, la medallista de Araucanía, y su otra pasión: “amo la mecánica de los camiones”

La joven judoca, que en su despedida de los Juegos Binacionales logró la medalla de bronce, es una avezada estudiante en la escuela técnica y ya realizó pasantías en dos concesionarios de Neuquén.

Victoria Jara mira con ternura la medalla de bronce que tiene en sus manos y, ante la pregunta de rigor sobre con quién la quiere compartir, sorprende por su sinceridad: “Para mí” dice, sin vueltas, acompañando la expresión con una sonrisa espontánea.

Siento que llegar a este tercer lugar, sin tener todo el tiempo para entrenar como los demás por el tema del estudio, es un logro mío”, explica para que no queden dudas o se hagan lecturas incorrectas.

Soñaba con el oro para poner un broche ideal a su participación en la Araucanía y se quedó con un poco de bronca por el tercer puesto en judo que seguramente tomará otro valor con el tiempo.

“En la pelea estaba bastante ansiosa y tal vez me afectó. Sentí que podía haber dado más en la lucha igual quería sacar una medalla porque son mis últimos juegos que, para mi, fueron una experiencia muy linda con los viajes, conociendo gente nueva y abriéndome a categorías nuevas porque antes competía en 57 kilos ya ahora en 63”, reflexiona.

Destacada como un ejemplo por su dedicación al deporte y al estudio por su entrenador Daniel Cárdenas en la Asociación Neuquina de Luchas, la joven de 19 años es una de las talentosas de los Juegos de la Araucanía, la competencia de integración deportiva entre Chile y Argentina que este año está cumpliendo con su trigésima con Río Negro como anfitrión.

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El certamen binacional reúne desde el año 1992 en sedes del sur de la Patagonia y Chile a jóvenes de categorías juveniles, quienes además están en la etapa final de sus estudios secundarios o cursando el inicio de alguna carrera universitaria.

Victoria en este sentido cursa el sexto y último año de la escuela técnica y sobresale no solo sobre el tatami, sino también fuera de él porque además estudia y trabaja.

Su buen promedio y el esfuerzo le abrieron las puertas para hacer pasantías en las empresas IVECO y Mercedes Benz en los talleres de camiones, una tarea que desarrolla con pasión.

“Estoy en la EPET (Escuela Provincial de Enseñanza Técnica) N° 17 cursando el último año haciendo la especialidad de técnico en automotores. Estuve tres meses en una pasantía en la concesionaria IVECO de Neuquén haciendo mecánica de camiones y luego me mandaron a Mercedes Benz, donde estuve otros seis meses haciendo lo mismo”, relata.

“Amo la mecánica de los camiones”, dice con entusiasmo y feliz de poder complementar estudio y deporte con la misma entrega, aunque reconoce que "cuesta bastante”.

Su gusto por los fierros no le viene por herencia familiar ni contacto directo con el rubro. “Cuando me anoté para estudiar en la EPET de hecho no sabía muy bien cómo era la rama, pero una vez que fui estudiando me fue gustando cada vez más la mecánica y me enamoré de los camiones”, expresa.

En la escuela aprendes mucho de mecánica general de autos, pero en los concesionarios se aprende más de los camiones que son más evolucionados en lo que tiene que ver con inyección y electricidad, algo que no se ve al menos en Argentina tanto en los autos y, además, están más adelantados en cuanto al uso de los biocombustibles para evitar la contaminación ambiental”, sostiene.

La mecánica, un rubro asignado culturalmente a los varones, encuentra cada vez más espacios para la mujer que “puede desarrollar muy bien la función”, asegura Victoria.

“En los dos lugares que estuve me trataron bastante bien y yo misma me supe acoplar e integrar bien. No sentí en ningún momento mal trato”, afirma.

Agradecida por la escuela porque “ellos fueron los que me abrieron las puertas a varias oportunidades ya que no solo me permitieron visitar concesionarias sino también participar de jornadas de gas y petróleo”, cuenta.

Pero la flamante medallista también se abre a otras posibilidades. “Estoy viendo a que universidad ir para ver si sigo estudiando algo de mecánica o me voy para el lado de arquitectura en ingeniería civil”, agrega.

El deporte fue, en este camino de libros y estudio, un compañero inseparable. Por eso ella valora mucho y se dedica la medalla que con tanto esfuerzo obtuvo, la segunda luego de la que logró en la edición 2021 en Viedma donde compitió el judo, en la versión nacional de la competencia debido al impasse por la pandemia.

“Siempre hice judo”, recuerda sobre sus inicios en la disciplina. “Estaba en la escuela primaria, tenía ganas de hacer deporte y empecé. Cuando entré a la primera clase no sabía nada y me hicieron pelota. Con el tiempo mi objetivo era que pudiera llegar a estar a la altura de mis compañeros o incluso ser mejor y ahí seguí hasta que entré a la escuela técnica en que, un poco por los horarios tuve que dejar pero después continué”, añade.

Más allá de ser un camino complicado, sostiene que “se puede hacer deporte y estudiar al mismo tiempo". Es algo muy importante. En mi caso me ayuda a desestresarme cuando voy a entrenar, a calmarme también y un poco para olvidarme de los exámenes y los finales”.

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