"Esto empieza bien", valoró optimista al acabar la jornada. Por la mañana, al comenzarla, trató de disipar los temores que despierta en algunos sectores el inicio de las negociaciones para un Gobierno "del cambio", como lo ha llamado, sobre todo por la posibilidad de que entren en él los izquierdistas de Podemos.
"Quiero enviar un mensaje de confianza a la sociedad española porque se puede gobernar desde la moderación y el diálogo", dijo.
Es la primera vez en la historia de la democracia española que la tarea de intentar formar Gobierno no la asume la fuerza más votada –que en las elecciones de diciembre fue el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy–, sino la segunda.
El líder conservador declinó intentarlo por no contar con apoyo suficiente para ganar una votación de investidura, pero confía en que Sánchez fracase y ganarse entonces al Partido Socialista (PSOE) para una gran coalición con el PP y el liberal Ciudadanos.
Sánchez habló ayer con los líderes de varios partidos pequeños, pero será a partir de hoy cuando tengan lugar las conversaciones más importantes: primero con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y el viernes con el de Podemos, Pablo Iglesias. La semana que viene llamará a Rajoy, pero no tiene intención de pedirle la abstención.
El líder socialista aspira a pactar su gobierno con las "fuerzas del cambio", como ha denominado a los dos partidos emergentes.
Pero Podemos y Ciudadanos, tercera y cuarta fuerza parlamentarias, se vetan entre ellos y le han instado a decidirse por uno, lo que implica tener que buscar más apoyos. "Pido a las fuerzas del cambio que nos pongamos de acuerdo para hacerlo realidad", les instó ayer.
Las cuentas, ahora mismo, no salen de ninguna forma. A Sánchez, su partido le ha vetado pactar con formaciones separatistas, a las que necesitaría si llega a un acuerdo con Podemos.