La semana pasada, Catalina armó un arbolito de Navidad en uno de los arbustos del cantero donde piensa pasar la Nochebuena y ahora se prepara a colocar un pesebre. “Si Dios quiere y no me encierran con llave en mi casa, voy a estar acá. Estando Sandro internado sí, porque es un ser que da tanto amor", dijo emocionada.
Personaje total, amable con todos, de vestimentas coloridas -sobre todo el rojo furioso-, esta mujer de 72 años implementó un cuaderno donde todos los que visitan el “santuario” pueden dejar sus mensajes de buenos deseos. “Cada uno escribe lo que quiere, pero yo no leo, porque son cosas muy privadas. Pero cuando se llenen las hojas se lo voy a dar a la señora Olga”, afirmó Catalina. Y agregó: “El otro día vino una delegación de Santiago del Estero, después otra de Buenos Aires y así todo el tiempo. Una noche vino un señor que había ido a la Difunta Correa, a San Juan, y venia súper emocionado y llorando".
La señora, amiga de todos los periodistas que hacen la guardia, recordó que la única vez que vio al ídolo fue hace unos 50 años cuando fue a cantar a General Alvear.