{# #} {# #}
Hay lugares en la vida que se convierten en verdaderos templos para las emociones. Son los espacios donde el sufrimiento y la felicidad se pueden contar por partes iguales. Para que eso pase, se tiene que cumplir un tiempo que atraviese la vida de cada persona. Algo así sucede con los hombres de todo el país que alguna vez cumplieron con el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Infantería de Montaña (RIM) 10.
A la clásica “colimba” la vivieron, la padecieron y la cumplieron. Se fueron de baja. Pasó la vida y en algún momento la empezaron a añorar. En especial por las amistades forjadas pero sobre todo por los valores y el espíritu de cuerpo aprendidos, por la templanza, por la resistencia a las hostilidades y por la astucia y por la audacia para poder superar situaciones adversas. Todo eso y mucho más significó el servicio militar y muchos quieren volver para sentir ese aire de patria que tanto los ayudó a forjarse como ciudadanos de bien.
Carlos Alberto Taponeco con sus jóvenes 20 años llegó hace 56 años a las frías tierras de Covunco para cumplir con con su servicio militar en el histórico RIM 10. Atrás había dejado su ciudad de Moreno (en Buenos Aires). Allí lo había despedido su familia y su novia de toda la vida.
El ex soldado fue recibido en la Sala de Jefes de la unidad, por el teniente coronel Ignacio García Solorzano, quien actualmente está al mando del Regimiento. En sus manos, Taponeco traía una bolsita transparente en la que se podían observar un manojo de fotos en blanco y negro.
Tesoros
Rápidamente las sacó y las empezó a mostrar y relatar de qué se trataba cada una y en qué momento fueron tomadas entre aquellos años 1965 y 1966. Esas fotos eran unas verdaderas reliquias porque se podían observar cómo eran antes la entrada principal al regimiento, la entonces Ruta 40 que atravesaba el barrio militar, el Monolito y la parroquia Nuestra Señora de la Merced.
En una de esas tomas fotográficas se lo podía ver al joven soldado Carlos con su uniforme de fajina del ejército en el portal de ingreso al regimiento (conocido como el Puesto 1).
Más tarde, el ex soldado Taponeco no quiso perderse la oportunidad y se tomó una fotografía en el mismo lugar en el que 56 años atrás había estado parado. Fue un momento emotivo y sus lágrimas se derramaron sobre el piso de este lugar en el que cumplió tantas veces el servicio de guardia.
Durante la visita al RIm 10, a la que fue su “casa”, Carlos alberto Taponeco vino acompañado por su esposa Eva Norma, a la que todos conocen cariñosamente como “la Negra Taponeco”.
Al respecto dijo que “gracias a Dios tengo una familia muy bien conformada con mi esposa. Estamos hace 60 años juntos. Cuando estaba en la colimba ya andaba de novio después nos casamos. Tenemos tres hijos, siete nietos y una hermosa bisnieta”.
Por último, el ex soldado oriundo de Buenos Aires, señaló que “espero que esta nota la puedan ver algunos compañeros que tuve y que vivieron por aquellos años en Allen y Cipolletti. Juntos estuvimos haciendo la colimba entre los años 1965 y 1966 y sería muy lindo que nos pudiéramos contactar y poder organizar un encuentro para revivir momentos de aquel servicio militar”.
“Soy clase 1945, vengo de Moreno provincia de Buenos Aires y estuve acá hace 56 años y hoy por primera vez vuelvo a ver a mi querido RIM 10 y la emoción que se siente no se puede describir porque haber estado acá y después de tantos años volver es un sueño cumplido y es imposible no llorar de nostalgia pero también de mucha alegría”, describió Carlos Alberto Taponeco al relatar sus sensaciones del reencuentro con el regimiento que lo albergó por un año de su vida.
“La atención fue muy buena del jefe del regimiento, de los oficiales, suboficiales y de todos los soldados. Pude recorrer el patio 1 y 2, la Compañía A donde estaba alistado y también las instalaciones donde hacíamos esas eternas guardias y donde estaba el calabozo que afortunadamente nunca lo ocupé”, dijo entre risas.
Qué hacía
Acerca de la actividad que le tocó cumplir, comentó: “yo estuve de asistente de un subteniente que se llamaba Félix Eduardo Conforte. En ese momento el jefe del regimiento era el teniente coronel Arias. Conforte fue muy buen gaucho conmigo. Me acuerdo que en una oportunidad salimos de instrucción al campo y después de andar mucho tiempo él se bajó de la mula y me dijo que subiera yo y que él se iba caminando. Después del servicio quedamos como amigos”. Por esas cosas de la vida el hijo (Pablo) de aquel subteniente se transformó en jefe del regimiento hace cinco años atrás.
Regreso
La pregunta obligada fue porque le llevó tanto tiempo volver y respondió: “fue debido al trabajo y a las ocupaciones que yo tenía en Moreno. Tenía un puesto de diarios y revistas. Era un trabajo muy sacrificado, trabajaba de lunes a lunes y no tenía vacaciones. En el año 2019 tuve la suerte de poder vender el puesto y este año justo se me dio que mi hijo compró un departamento en San Martín de los Andes y me vine a pasear y entonces me hice una escapada”.