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Desde hace varias semanas se lo puede ver pero, sobre todo, escuchar a lo lejos en pleno centro de Neuquén. Es el saxo reluciente y potente de Luciano Vilches (“El Colo” para sus amistades) que todas las mañanas alegra, sorprende y acompaña a transeúntes apurados que van al banco, a hacer trámites, al médico o hacer compras.
Hay gente que camina rápido y al pasar por su lado le sonríe. Hay quienes eligen pararse unos minutos a admirarlo. Hay hasta motociclistas que detienen la marcha para dejarle algún billete. Hay nenes que ríen fascinados por lo que escuchan. En la calle hay de todo, de eso que no se encuentra abajo de los escenarios, y por eso Luciano lo elige hoy como su espacio de trabajo.
Cipoleño, fanático del Albinegro, licenciado en música popular de la Universidad Nacional de La Plata. Tiene 29 años y lleva casi toda su vida tocando el saxo: desde los 8. “Lo que yo siento en la calle no lo sentí nunca en un escenario, por la retribución de la gente”, admite el músico, de vasta experiencia. Transitó por infinidad de escenarios y calles, en Perú, Chile y Bolivia, donde siempre lo recibieron “excelente”.
¿Cuál es la diferencia entre el escenario y la calle? Asegura que, en general, el público que más accede a los espectáculos tradicionales es el que puede pagarlo y el de una franja etaria joven. “Y cuando empezamos a ir a la calle, los que más reaccionan son los nenes y los más grandes. No estás acostumbrado a ese tipo de público y ellos están más abiertos a la música, son más receptivos. Hay un ida y vuelta muy lindo más allá de lo económico. La sonrisa de un nene te cambia el día”, afirma.
El saxofonista se reconoce como “un facilitador de melodías” a quien la gente le regala “como puede”. “Tu colaboración mantiene vivo al arte callejero”, expone el cartel que diariamente es visto por cientos en pleno centro.
“Un 40% de la gente deja una colaboración y el resto te da una sonrisa”, admite el joven, orgulloso del público neuquino que lo escucha al azar durante algunos segundos todas las mañanas. Entre su repertorio se puede disfrutar temas de The Beatles, Bob Marley, clásicos del rock, jazz y hasta bossa nova, aunque su género preferido es el latinjazz. Por estos días se lo puede encontrar entre las 11 y las 13 en Avenida Argentina y Alberdi, o Juan B. Justo.
Luciano percibe que muchas veces se concibe al artista callejero como alguien improvisado y a quien pocas veces se le pone valor. Sin embargo, durante estas tres semanas se dio cuenta que “la gente lo re valora” y, de hecho, admite que la carrera que estudió “genera la tensión entre la academia y la calle”.
La pandemia de coronavirus modificó los planes de la mayoría y el mundo artístico no fue la excepción. Con pasaje en mano, para el 2020 Luciano tenía planificado llevar su música a las calles de Europa, pero el viaje debió ser postergado. Se quedó en el Alto Valle y empezó a trabajar de mozo en una cervecería hasta que decidió dedicarse de lleno a la música, a pesar de las limitaciones y dificultades para el rubro.
Durante los meses de cuarentena logró hacerse su propio estudio de grabación y definió aprovechar el tiempo en su casa para producir su propio disco, material que luego le servirá para mostrar en cualquier rincón del mundo.
Junto con un piano, guitarra y artistas invitados compuso su material. La virtualidad permitió que un amigo suyo colaborara desde Brasil con la percusión y hasta Gladys “La negra” Sarabia (también cipoleña y ex vocalista de La Delio Valdez) aportara su voz en uno de los temas, desde México.
Hasta poco antes de la pandemia, formaba parte de la Argenta Big Band, la Orquesta Sinfónica de la Universidad del Salvador de Buenos Aires y la banda Smoking Chango. También tuvo el orgullo de tocar en los mismos escenarios que Dancing Mood, Las Pelotas, Kapanga, Once Tiros, La Delio Valdez, Pollera Pantalón y Las manos de Fillippi. Hasta que saque su disco, además de la calle, se lo puede escuchar a través de su canal de YouTube y en su lista de Spotify, LNV Records.
En los próximos días, su gira callejera continuará por la cordillera neuquina.