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El drama de las trans para tener un lugar donde vivir

Alquilan en lugares precarios sin servicios y sufren discriminación.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- La construcción de 12 departamentos de un ambiente destinados a mujeres trans en el barrio Confluencia de esta ciudad provocó una gran expectativa en este colectivo de personas que, en su mayoría, alquilan en lugares precarios, sin los servicios básicos, y sufren todo tipo de discriminación.

El proyecto impulsado por la hermana Mónica Astorga, del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Centenario, será construido por el gobierno provincial en Boerr y Tronador en un predio de 1500 metros cuadrados que fue cedido por el Municipio.

“A muchas de nosotras no nos alquilan porque dicen que vamos a revolucionar el barrio, es la mentalidad cerrada que tienen algunos”, dice Paola, de 43 años, que vive en un monoambiente en el barrio Villa María. “No tengo gas, el baño y la pileta están afuera así que es un bajón, pero no tengo otra”, describe con resignación.

Confiesa que cuando llegó al barrio, hace más de siete años, los vecinos la miraban con extrañeza, pero con el tiempo se fue ganando el respeto. “Lo que hacés en tu vida a nadie le tiene que importar”, explica Paola, quien confiesa que cuando no cuida “viejitos”, ya que es asistente gerontológica, ejerce la prostitución.

Magalí tiene 53 años y se entusiasma al hablar sobre el proyecto de la hermana Astorga. “Esto va a beneficiar a las adultas mayores trans porque hay compañeras que viven en pésimas condiciones, pagan un alquiler y tienen piso de tierra”.

Desde que dejó la prostitución hace tres años, deambula entre la casa de su hermano, la de alguna amiga o en la humilde vivienda de Candelaria 180 en el barrio Bouquet Roldán que sirve de refugio de travestis y transexuales que no tienen dónde vivir, lugar que el Obispado les cedió en 2010. Quedó en la calle después de once años de vivir en un departamento porque de un día para otro el dueño se lo pidió. “La gente se cree que prostituyéndonos ganamos fortunas, si fuera así tendríamos que estar viviendo en palacios”, comenta.

Dice que a muchas trans les ha pasado que cuando averiguan para alquilar se fija un precio y cuando quieren concretar les piden más dinero o les ponen cualquier tipo de excusa.

Aunque ahora vive con su mamá, Penélope sufrió lo que es vivir en lugares “para nada dignos”. Confiesa que es una de las chicas trans rescatadas de la prostitución en 2009 por la religiosa. “Cuando decidí ser trans no tenía otra opción que prostituirme, tenía que pagar un alquiler, vestirme y bancarme los estudios, porque estudiaba servicio social en la universidad”, explica. Penélope también hizo el curso de asistente gerontológico y desde que dejó la prostitución trabajó haciendo limpieza o cuidando a adultos mayores.

“Alquilar para las trans es una lucha muy difícil, la gente se abusa”, reseña Micaela, una diseñadora ecuatoriana de 52 años, que abandonó la empresa de su padre cuando decidió no ocultar más sus ganas de vivir como mujer. Nunca se prostituyó. Cuando se fue de Ecuador vivió en Tierra del Fuego y llegó a Neuquén seducida por la tarea de contención y ayuda de la hermana Mónica a estas mujeres cuya expectativa de vida es de 35 años y por lo general “morimos solas”, como resume Micaela.

12 monoambientes se construirán en el barrio Confluencia para mujeres trans.

“Una cama limpia para morir”

La hermana Mónica Astorga se imaginó el proyecto de viviendas cuando Katy Villagra, una mujer trans, le confesó que su sueño era “una cama limpia para morir”. “Para mí eso fue no poder dormir en paz, ir a mi cuarto y quedarme tranquila, pensando que ellas salían a las rutas y no sabían si al rato vivirían por el frío, las enfermedades y los clientes que las explotan y las matan”, comentó. Según Astorga este complejo permitirá que salgan de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran actualmente. Se estima que quienes habitarán estos doce departamentos serán las de mayor edad.

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