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Afectado por diferentes lesiones, Marcos Rojo, el refuerzo de jerarquía que con bombos y platillos anunció Boca para esta temporada, apenas pudo jugar un puñado de partidos (6) y fue más noticia por los sucesivos traumatismos -además se contagió de COVID- que por su juego. Ayer trascendió que el defensor padece un desgarro y no podrá estar ante Lanús este domingo y no viajará a Ecuador para enfrentar al Barcelona por la Copa Libertadores.
Desde que llegó, Rojo estuvo en el centro de la escena por las lesiones. En su primer día de entrenamiento, allá por febrero, padeció dolencias musculares en el gemelo que lo llevaron a la enfermería del club y se perdió los cinco primeros partidos hasta que tuvo la ocasión de debutar en el Superclásico contra River.
El ex Manchester United, que jugó dos mundiales con la Selección Argentina, venía trabajando en forma diferenciada desde hace tres semanas luego de dejar el campo por una molestia muscular que sintió en el partido con Unión (se retiró tocándose el isquiotibial de la pierna derecha), pero según publicó ayer el portal TNT Sports el jugador “está desgarrado y el COVID tapó un poco el tema. Boca nunca informó de la lesión y hasta hubo bronca en el club porque el defensor se hizo estudios por su parte”, señalaron.
Las dudas siempre estuvieron enfocadas en su estado físico. En el Manchester United, club al que llegó en 2014, tras el subcampeonato del mundo con Argentina sufrió varias episodios traumáticos, el más grave la rotura del ligamento cruzado anterior en la rodilla izquierda en 2017 lo cual sumado a otras dolencias óseas y musculares se perdió 112 partidos.
Ese alejamiento de las canchas, motivó su sesión a Estudiantes a principios de 2020, donde también por un golpe en los muslos estuvo ausente cuatro partidos. Luego regresó a Manchester donde otra dolencia en la pantorrilla lo relegó otros 17 encuentros. Las lesiones, el karma de Rojo, ahora los padece Boca.