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El mundo del deporte despide con afecto y dolor a la mamá de Gaby Sabatini

Betty reconocida por su calidad humana y la protección que le brindó siempre a Gaby falleció a los 81 años.

El mundo del tenis se hizo eco de la muerte de la madre de la ex tenista Gabriela Sabatini, Betty a quien describieron como una mujer amorosa que siempre acompañó el desarrollo de su hija en el competitivo circuito profesional

Tras el fallecimiento de Beatriz Garófalo, la mamá de Gaby y Osvaldo, los que tuvieron oportunidad de conocerla la destacaron como una mujer que siempre acompañó a su hija sin presionarla y que nunca se puso por delante de ella; “No me importa si gana o si pierde; quiero que esté bien”, cuentan que decía.

Fallecido a los 81 años, las voces que se pronunciaron la recuerdan como una mujer simple, protectora y muy divertida.

En un mundo super competitivo y que no siempre se destaca por el cuidado de los progenitores para con sus hijos, el matrimonio Sabatini con su papá Osvaldo -también ya fallecido.- fueron un gran sostén para Gaby.

“Betty fue una mamá muy cuidadosa de sus hijos. En la semana era, por lo general, la que llevaba a los chicos al club, a River, porque Osvaldo trabajaba. Yo tenía un contacto fluido con ella, se preocupaba porque Gaby estuviera bien presentada, que no le faltara nada”, rememora Daniel “Palito” Fidalgo, descubridor y formador de Sabatini en el club de Núñez al diario La Nación.

Y amplía, con nostalgia: “Cuando Gaby iba los lunes a entrenar y el club estaba cerrado, Betty le llevaba una viandita para que comiera algo; siempre atenta. Fue buena gente”, agregó.

Gabriela nació el 16 de mayo de 1970, en el Hospital Italiano de Buenos Aires, y, al haber nacido casi un mes antes de lo previsto, permaneció durante unas horas en la incubadora. Beatriz y Osvaldo, casados en 1964, vivían en Villa Devoto y ya eran padres de Osvaldito, nacido el 8 de junio de 1965.

También Mercedes Paz consultada por el matutino opinó: “Era muy querible. La recuerdo siempre tratando de buscar el bienestar de sus hijos a medida que fueron cambiando las épocas. Era una persona alegre, ordenada, que disfrutaba de acompañar a Gaby, la divertía salir a pasear. Pero no le gustaba que Gaby perdiera, ese era su punto sensible. En realidad, se ponía triste si la veía mal a Gaby. No la quería ver sufrir. Decía: ‘No me importa si gana o si pierde; yo quiero que esté bien’. Tenía un gran amor de madre”, recalcó la tucumano, amiga y rival de Gaby.

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Ricardo “Caio” Rivera tiene un cariño especial por Sabatini, a quien llegó a dirigir en la ex Fed Cup. Además, vivió de cerca el vínculo que, durante un puñado de meses en 1993, tuvieron Gaby y Guillermo Vilas como entrenador. “Tengo un afecto desde siempre por Gaby, compartí un montón de cosas. Nunca nadie habló mal de ella. Le pisás el pie y te pide perdón. Y sus padres siempre estuvieron presentes. La cuidaban a Gaby como nadie. Cuando Vilas arregló con Gaby para entrenarla yo me junté varios días con Osvaldo y vi cómo la cuidaban, estaban en todos los detalles, se preocupaban en todos los sentidos” contó.

Juan José Moro, pionero del periodismo de tenis en la Argentina, también dio su opinión: “A Gaby la conocí cuando tenía unos diez años, en Mar del Plata. Junto con su familia compartíamos sector en el mismo balneario de Punta Mogotes. Nos hicimos amigos con Osvaldo y Betty, pasábamos Año Nuevo juntos, hacíamos asados, a los que a veces también venían Guillermo y Mariana Pérez Roldán, Franco Davin, Patricia Tarabini, Nicolás Pereira... Betty era muy protectora de ambos hijos; amorosa, no hacía distinción. Siempre positiva y con buena fe, era incapaz de hacer una maniobra extraña. Para ella no había límite entre la bondad y la inocencia. Toda la gente veía buena fe, no pensaba que se le podían arrimar por interés”, afirmó el periodista.

Lo propio hizo otro periodista, José “Chiche” Almozny, que conoció a Gaby a los siete años: “Betty no iba por la vida gritando que era la mamá de Gaby; no fanfarroneaba. Eran muy familieros. Amaban Mar del Plata, donde había trucos, asados; los 31 de diciembre se vivían las fiestas en la casa que alquilaban en el barrio Los Troncos. Conocí la casa de Devoto: era un lugar modesto, con pocas habitaciones, un fondo chiquito, la cocinita donde Gaby desayunaba y Betty tomaba mate. Los padres de Gaby siempre fueron generosos, no cambiaron a medida que la hija ganaba”, recalcó.

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