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Por Ana Laura Calducci - calduccia@lmneuquen.com.ar
Miles de turistas con sus flashes se fueron de un día para otro, París ya no fue una fiesta y, por primera vez en décadas, la torre Eiffel y el Louvre quedaron en silencio. Uno de los pocos testigos de esas escenas propias de una película de ciencia ficción es Cristian Guilbert, un músico neuquino que se mudó a Francia hace tres años. Como también trabaja en el correo, hoy recorre las calles vacías de la ciudad más bella, mientras espera que la cuarentena quede atrás y los bares se vuelvan a llenar de luces y música.
Cristian creció en el oeste neuquino, trepando las bardas que entonces eran “un peladero”, como les suele explicar a franceses incrédulos, a los que les cuesta imaginar tal desierto a poca distancia de un río caudaloso como el Limay.
En agosto de 2016, cuando acá se despedía el invierno y allá asomaba el otoño, se mudó a París. Su segunda hija nació allá y lo instaló definitivamente del otro lado del Atlántico. De esos primeros días, lo que más lo impactó fue el idioma. “No sabía hablar, solo podía decir ‘merci’ y ‘bonjour’, y no les entendía nada; fue un choque muy grande, porque si bien el francés viene del latín, cortan y pegan las palabras y arman un collage muy complicado de entender”, recordó.
Hincha de Racing sin importar las distancias, suele andar con la camiseta albiceleste. Eso lo ayudó al principio, porque muchos lo identificaban con Argentina y le hablaban en un español trabado.
Su primer amigo en tierras galas fue el argentino Fermín Juárez, a quien describió como “un bailarín muy conocido, que también es percusionista, toca el bombo y maneja las boleadoras”, que para los franceses son toda una novedad.
Él le presentó a otros músicos argentinos y volvieron los picaditos de fútbol y los asados. En uno de esos encuentros, un colega oriundo de Choele Choel le pasó un dato clave: dónde abastecerse para unos amargos. Cristian aclaró que, contrario a lo que se pueda suponer, allá toman mate todos los días. “Aunque la yerba sea más cara, se consigue en varias tiendas”, comentó.
Antes de la cuarentena, los fines de semana eran de recitales en teatros, peñas o algún “bateaux”, los restoranes flotantes sobre el río Sena. Todo eso se apagó el 17 de marzo.
“El último recital antes del cierre fue en Montrouge, saliendo de París, en un bar donde toqué con amigos, con Juan Cruz, que es santiagueño, y Guille, un cordobés que vive en Marsella”, recordó.
Críticas
Explicó que el gobierno de Emmanuel Macron “hizo todo mal con el coronavirus”. “Había elecciones, entonces, dejó pasar un tiempo en el que había como una sugerencia de no salir o juntarse, y recién al día siguiente de la votación ordenó el confinamiento total”, explicó.
Sin ensayos ni recitales, el grupo de músicos se recluyó en las composiciones compartidas por redes sociales, uno con la guitarra, otro con la letra, pensando cómo sonará cuando vuelvan a tocar juntos.
A Cristian lo salvó del encierro su trabajo de semana en el correo, que tomó para asegurarse un ingreso fijo. En Neuquén era profesor de música, pero allá fue difícil conseguir algo en el rubro. “Mandaba un currículum y, cuando llamaban y escuchaban mi francés, no había forma”, relató entre risas.
En el servicio postal, Julien, su primer compañero de recorrido, lo ayudó con paciencia a dominar la gramática y le presentó a un chofer ecuatoriano que intervenía como intérprete cuando el diálogo derrapaba entre pronunciaciones imposibles.
Cristian conserva en su memoria el primer recorrido con la cuarentena vigente como una experiencia surrealista. “Se sentía raro andar solo por ahí”, confió.
Él no considera que sus andanzas por una París silenciosa sean un privilegio. Explicó que, si bien pocas personas podrán ver alguna vez la torre Eiffel o el Arco del Triunfo vacíos, el espectáculo era más alegre cuando estaban repletos de gente.
Con su familia y amigos de Neuquén, pasa largas horas conversando por Facebook y Whatsapp. “Voy siempre que puedo porque tengo otra hija allá y sigo en contacto; es mi lugar en el mundo”, remarcó.
Comentó que empezó a escribir una canción sobre las relaciones y las distancias. “Justo habla de esas conexiones que están para siempre y no se van, porque ayer mismo estaba en casa escuchando a los hermanos Berbel y por eso creo que siempre voy a ser de Neuquén; hoy soy nada más un neuquino que anda dando vueltas”, confesó.
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