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El olfato del humano no es peor que el de otros animales

Según un estudio, el hombre puede incluso llegar a oler más y mejor.

Cuando se trata de apreciar un olor, nadie pone en duda la capacidad del ser humano para distinguir con increíble sutilidad las diferentes tonalidades de un aroma. En vinos, perfumes y demás, nuestro talento olfatorio parece estar claro y nadie lo discute. Sin embargo, en cuestión de rastros, ninguno se atrevería a competir con un sabueso y, si del hombre dependiera, la gota de sangre a la que los tiburones se acercan desde la otra punta del océano, se quedaría muy probablemente sin nuestra compañía. Los animales tienen mejor olfato que nosotros. Es una certeza. ¿Sí? ¿O es apenas una creencia? Según John McGann de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey (EE.UU.), es un mito. Para explicarlo, presentó un estudio en el que afirma que el sentido del olfato humano puede ser incluso mejor que el de otros animales, aunque depende de para qué.

El origen de la falsa convicción acerca de nuestra pobre capacidad para oler viene del siglo XIX, cuando el médico y antropólogo francés Paul Pierre Broca, que escribió hasta 53 tratados sobre el cerebro, afirmó que el reducido tamaño de nuestro bulbo olfatorio, el área cerebral relacionada con el olfato, nos coloca en desventaja frente al de otros animales. Aunque los estudios sobre la evolución del hombre moderno ya arrojan dudas sobre esta afirmación, nadie ha rebatido hasta la fecha las tesis de Broca. Sin embargo, para McGann el tamaño no lo es todo. Su trabajo sugiere que la relación entre las dimensiones de un área del cerebro y su función puede presentar excepciones, siendo el bulbo olfatorio uno de estos casos. Además, el estudio arroja que el número de neuronas de esta región es muy parecido entre las distintas especies.

En genes los animales nos ganan. Los 1000 tipos de receptores relacionados con el olor que poseen, por ejemplo los ratones, superan nuestros 400, lo que contribuyó a menospreciar nuestras aptitudes olfativas. Aun así, McGann afirma que el hombre es capaz de discernir entre un billón de olores diferentes, otro dato que comúnmente se reduce a tan solo 10.000 aromas. Las señales que nuestro bulbo olfatorio envía a otras zonas del cerebro, muy desarrollado en el caso humano, para ayudarse a identificar olores, en cierto modo, compensan e igualan capacidad de olfato con la de otros mamíferos.

Tenemos la capacidad de discernir, de acuerdo con el estudio, entre un billón de aromas diferentes.

Influye en el comportamiento

El olor es muy importante en la especie humana e influye en nuestro comportamiento. Desde las decisiones sobre nuestros gustos a la hora de comer, hasta cómo interactuamos con los demás, elegimos pareja o asociamos recuerdos y emociones a determinados aromas. El sentido del olfato condiciona nuestras experiencias y forma una parte fundamental de nuestra psicología. Durante el embarazo, por ejemplo, algunas mujeres se quejan de determinados olores y aseguran sentirse molestas. “Las mujeres en promedio tienen un sentido del olfato más fuerte que los hombres, y esto aumenta en el embarazo”, John McGann. Nuestro entorno condiciona cómo olemos. Para la vida en el campo o en la ciudad respondemos de distinta manera en cuanto a este sentido. “Hay influencias ambientales que aún no entendemos. El sistema olfativo se adapta para que los olores que permanecen constantes (como nuestros hogares) se desvanezcan en el fondo”, explica McGann.

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