El Papa llamó a ser "vigilantes" contra “toda forma de odio e intolerancia”

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Ciudad del Vaticano (AFP/Télam) > El papa Francisco llamó ayer a los católicos a ser “vigilantes” contra “toda forma de odio e intolerancia”, en la conmemoración de la “Noche de los Cristales Rotos” de 1938 contra los judíos alemanes, “triste paso” hacia la Shoah.
Durante el tradicional rezo del Ángelus, el pontífice afirmó que los “judíos son nuestros hermanos más grandes, los mayores”, al recordar el 75º aniversario de la primera matanza judíos por parte de los nazis, lo que fue la antesala del Holocausto.
La violencia también se centró contra “las sinagogas, las casas y los negocios, y marcó un triste paso hacia la tragedia del Holocausto”, señaló la autoridad máxima de la Iglesia Católica.
“Reiteremos nuestro sentimiento de proximidad y nuestra solidaridad con el pueblo hebreo, quienes son nuestros hermanos mayores. Recemos a Dios para que la memoria del pasado, de los pecados del pasado, nos ayude a seguir siendo vigilantes ante toda forma de odio y de intolerancia”, recomendó a los 60.000 fieles reunidos en la plaza bajo un cielo gris.
Jorge Mario Bergoglio siempre mantuvo relaciones muy cercanas con la comunidad judía argentina.
 
El origen del mal
En la noche del 9 de noviembre de 1938 hubo un estallido de violencia contra los judíos en toda la Alemania nazi y Austria, llevado a cabo por las tropas de asalto de las SS, conjuntamente con la población civil, mientras las autoridades alemanas observaban sin intervenir.
Aunque parecía imprevisto, provocado por la furia de los alemanes por el asesinato de Ernst vom Rath -secretario de la embajada alemana en París- en manos de un adolescente judío, fue organizado por el ministro de Propaganda alemán: Joseph Goebbels.
En dos días, casi 1.000 sinagogas fueron quemadas, más de 7.000 comercios de judíos fueron destrozados y saqueados, decenas de judíos fueron asesinados, y cementerios, hospitales, escuelas y hogares judíos fueron saqueados mientras la policía y las brigadas de bomberos se mantenían al margen. Al menos 91 ciudadanos judíos fueron asesinados durante los ataques y otros 30.000 fueron detenidos y deportados a campos de concentración.